Milán

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Hotel Ambrosiana
5,1 /6
100% Recomendación
Hotel:
a partir de 30 €
la noche
en Milán

378405_Hotel_Ambrosiana
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Hotel Serena
63% Recomendación
Hotel:
a partir de 39 €
la noche
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B&B Antica Corte Milanese
5,1 /6
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Hotel:
a partir de 90 €
la noche

310411_BB_Antica_Corte_Milanese
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Hotel Sempione
80% Recomendación
Hotel:
a partir de 40 €
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en Milán

71500_Hotel_Sempione
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Hotel Una Tocq
5,0 /6
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Hotel:
a partir de 53 €
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en Milán

78812_Hotel_Una_Tocq
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Hotel Sheraton Diana Majestic
5,0 /6
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Hotel:
a partir de 69 €
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54933_Hotel_Sheraton_Diana_Majestic
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Novotel Milano Malpensa Airport
4,9 /6
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Hotel:
a partir de 39 €
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551597_Novotel_Milano_Malpensa_Airport
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Hotel Cristallo
60% Recomendación
Hotel:
a partir de 28 €
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Hotel Brianza
5,0 /6
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Hotel:
a partir de 52 €
la noche
en Milán

169234_Hotel_Brianza
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Hotel Sanpi
60% Recomendación
Hotel:
a partir de 47 €
la noche
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Guía de Milán


Planificación del viaje

Última versión modificada por LauraMorcillo
Aeropuertos / Alquiler de coches

El área de Milán tiene tres aeropuertos y son de los más importantes y con más afluencia de turistas del país. Uno de ellos es al Aeropuerto Milán-Malpensa, situado en Varese, a 35 km de Milán. De la terminal 1 del aeropuerto salen trenes hacia el centro de la ciudad y también hay un autobús gratuito que une las terminales 1 y 2.
Otro es el Aeropuerto Milán-Linate, ubicado al sur de Milán y al que vuelan compañías como Air France y Lufthansa. El tercero es el Aeropuerto Milán-Bérgamo Orio al Serio, que junto con los otros dos forman también la red aeroportuaria más importante de la región de Lombardía.

Vacunas

No es necesario ponerse ninguna vacuna para ir a Milán, no hay riesgo de contraer enfermedad alguna.

Clima


El invierno en Milán es frío, incluso puede llegar a nevar, y es frecuente que el cielo esté nublado y con amenaza de lluvia. Las temperaturas van de los 0º a los 10º C. ...
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Aeropuertos / Alquiler de coches

El área de Milán tiene tres aeropuertos y son de los más importantes y con más afluencia de turistas del país. Uno de ellos es al Aeropuerto Milán-Malpensa, situado en Varese, a 35 km de Milán. De la terminal 1 del aeropuerto salen trenes hacia el centro de la ciudad y también hay un autobús gratuito que une las terminales 1 y 2.
Otro es el Aeropuerto Milán-Linate, ubicado al sur de Milán y al que vuelan compañías como Air France y Lufthansa. El tercero es el Aeropuerto Milán-Bérgamo Orio al Serio, que junto con los otros dos forman también la red aeroportuaria más importante de la región de Lombardía.

Vacunas

No es necesario ponerse ninguna vacuna para ir a Milán, no hay riesgo de contraer enfermedad alguna.

Clima


El invierno en Milán es frío, incluso puede llegar a nevar, y es frecuente que el cielo esté nublado y con amenaza de lluvia. Las temperaturas van de los 0º a los 10º C. Si va a viajar en invierno será necesario llevar ropa de abrigo. El calor del verano es seco pero no excesivo, la temperatura media es de 30º C. Aun así, tendrá que llevar ropa ligera para el verano.

Idioma

En Milán se habla italiano, al igual que en el resto del país, pero también se habla un dialecto, uno de los pertenecientes al área septentrional, el ítalo-galo.

 
Enchufes / Cobertura móviles

La cobertura en Milán es de las mejores del país ya que es una de las ciudades más grandes y más industrializadas. No tendrá ninguna problema con la señal de su teléfono móvil.

País y gente

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Costumbres y tradiciones

El patrón de Milán es San Ambrosio, uno de los Santos más venerados y con más tradición en la ciudad nacido en el año 340. La festividad se celebra el 7 de diciembre y fue uno de los personajes más destacados del país pues fue arzobispo de Milán además de orador y teólogo. Dedicó su vida en gran parte a conseguir que la Iglesia tuviera más poder que el Estado y a que los paganos no tuvieran influencia alguna en la vida política romana.

Mentalidad

Al ser una de las ciudades más grandes y con más volumen industrial, la mentalidad de sus habitantes es muy variada, pues las personas que allí viven son de procedencias muy distintas. La forma de vida de los inmigrantes ha influido mucho en la mentalidad de los italianos y hoy en día se pueden encontrar personas con pensamientos y cultura totalmente diferentes.

Historia

La importancia de esta ciudad se refleja en el hecho de que incluso llegó a ser c...
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Costumbres y tradiciones

El patrón de Milán es San Ambrosio, uno de los Santos más venerados y con más tradición en la ciudad nacido en el año 340. La festividad se celebra el 7 de diciembre y fue uno de los personajes más destacados del país pues fue arzobispo de Milán además de orador y teólogo. Dedicó su vida en gran parte a conseguir que la Iglesia tuviera más poder que el Estado y a que los paganos no tuvieran influencia alguna en la vida política romana.

Mentalidad

Al ser una de las ciudades más grandes y con más volumen industrial, la mentalidad de sus habitantes es muy variada, pues las personas que allí viven son de procedencias muy distintas. La forma de vida de los inmigrantes ha influido mucho en la mentalidad de los italianos y hoy en día se pueden encontrar personas con pensamientos y cultura totalmente diferentes.

Historia

La importancia de esta ciudad se refleja en el hecho de que incluso llegó a ser capital del Imperio Romano de Occidente. Dada su posición estratégica al norte de Italia ha sido siempre querida por las potencias políticas de cada época, romanos, ostrogodos, lombardos, francos, españoles o austriacos. En el renacimiento Leonardo da Vinci estuvo trabajando en esta ciudad, bajo el mecenazgo de la familia Sforza, a esta época se debe el famoso cuadro de la Santa Cena, en el cual está basado el best seller La Cena Secreta, libro traducido a 18 idiomas. En el renacimiento se asientan los pilares de la cuidad para su desarrollo futuro.

Moverse por la zona

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Transporte público / Taxis

Milán cuenta con una población de más de 1 millón de habitantes. Es el motor económico e industrial del norte de Italia y posiblemente de todo el país. La red de transporte público es de las más extensas del país y cuenta con los siguientes medios: 3 líneas de metro, 19 líneas de tranvía, 51 líneas de autobús, 4 líneas de trolebús, ferrocarril urbano y suburbano y radiobús, que es como un mezcla de taxi y autobús nocturno. Los billetes pueden comprarse en los kioscos, estancos y máquinas automáticas pero no en los mismos medios de transporte así tendrá que tener esto en cuenta antes de subir, sobre todo porque a ciertas horas es difícil adquirir un billete. Su precio es de 1 € y es válido para 75 min. Si viaja en metro o tren solo se puede usar una vez pero se puede hacer transbordo entre las líneas. También hay billetes de un día, mensuales, anuales, etc.

Los taxis en Milán son bastante caros, solo la bajada de ...
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Transporte público / Taxis

Milán cuenta con una población de más de 1 millón de habitantes. Es el motor económico e industrial del norte de Italia y posiblemente de todo el país. La red de transporte público es de las más extensas del país y cuenta con los siguientes medios: 3 líneas de metro, 19 líneas de tranvía, 51 líneas de autobús, 4 líneas de trolebús, ferrocarril urbano y suburbano y radiobús, que es como un mezcla de taxi y autobús nocturno. Los billetes pueden comprarse en los kioscos, estancos y máquinas automáticas pero no en los mismos medios de transporte así tendrá que tener esto en cuenta antes de subir, sobre todo porque a ciertas horas es difícil adquirir un billete. Su precio es de 1 € y es válido para 75 min. Si viaja en metro o tren solo se puede usar una vez pero se puede hacer transbordo entre las líneas. También hay billetes de un día, mensuales, anuales, etc.

Los taxis en Milán son bastante caros, solo la bajada de bandera son 6 €, aunque debido a las grandes distancias, puede ser muy útil en algunas ocasiones, sobre todo si se tiene prisa.

Carreteras / Infraestructuras

Las autovías y autopistas de Italia están repartidas en una red de carreteras muy amplia y marcada con números y letras para su fácil acceso. La A1 atraviesa el país de norte a sur, la llamada Autoestrada de Sole que pasa por Milán, Florencia, Roma y Nápoles. La A7 conecta Génova con Milán y la A8 conecta Milán con Varese. Las autopistas son todas de peaje pero están muy bien conservadas y es muy fácil orientarse.

Vida y diversión

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Eventos

Las fiestas principales son las que celebra el mundo católico como la Navidad y la Semana Santa. Pero hay una fiesta típica milanesa que es la Giubiana o Fiesta de la Giobia, se celebra el últimos jueves de enero y consiste en quemar un muñeco que represente a una bruja o al año anterior.

Gastronomía

Además de las pizzas y la pasta, Milán es famosa por su leche, mantequilla y quesos, productos naturales de la región. El arroz y la carne son dos de los alimentos más consumidos y los postres también cobran mucha importancia. Los platos más típicos son la Büseca, estofado de callos, mantequilla, tomate y judías; Cotoletta, chuleta de ternera con huevo y pan; Ossobuco, pierna de ternera estofado; Picatta Milanesa, pollo frito; y Risotto alla Milanese, arroz elaborado con cebolla, azafrán y vino blanco.

Estilo de vida

Milán está ubicada en una de las regiones más prósperas de Italia. Es una ciudad rica en cultura, ...
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Eventos

Las fiestas principales son las que celebra el mundo católico como la Navidad y la Semana Santa. Pero hay una fiesta típica milanesa que es la Giubiana o Fiesta de la Giobia, se celebra el últimos jueves de enero y consiste en quemar un muñeco que represente a una bruja o al año anterior.

Gastronomía

Además de las pizzas y la pasta, Milán es famosa por su leche, mantequilla y quesos, productos naturales de la región. El arroz y la carne son dos de los alimentos más consumidos y los postres también cobran mucha importancia. Los platos más típicos son la Büseca, estofado de callos, mantequilla, tomate y judías; Cotoletta, chuleta de ternera con huevo y pan; Ossobuco, pierna de ternera estofado; Picatta Milanesa, pollo frito; y Risotto alla Milanese, arroz elaborado con cebolla, azafrán y vino blanco.

Estilo de vida

Milán está ubicada en una de las regiones más prósperas de Italia. Es una ciudad rica en cultura, industria y economía y es cuna de moda y modelos, firmas y lujo. Es una ciudad cosmopolita y tiene un estilo de vida propio.

Monumentos

Los principales monumentos de Milán son:
- Santa Maria delle Grazie, en cuyo refectorio se encuentra el famoso cuadro de La Última Cena de Da Vinci.
- El Duomo di Milano, catedral de la ciudad de estilo gótico.
- Palazzo Reale, que fue el antiguo ayuntamiento.
- Castillo Sforza, uno de los símbolo más importantes de Milán junto con la Madoninna.
La lista de monumentos es muy extensa pero también merece la pena visitar la Villa Real, la Galería Vittorio Emanuele, el Arco de la Paz, y los numeroso palaciones como el Palazzo Marino, Palazzo Isimbardi, Palazzo del Senato, Palazzo Dugnani, Palazzo di Brera, etc.

Milán: Guía de viajes

Milán

Al principio fue sólo un pequeño asentamiento, que conoció una rápida expansión tras la conquista romana el año 222 a.C. y se afianzó definitivamente en 197 a.C., después de un paréntesis de rebelión cuando el cartaginés Aníbal atravesó los Alpes y penetró en Italia con su aguerrido ejército. Capital de la XI Región - Galia Transpadana - e importante y estratégico nudo comercial rodeado por el primer cinturón de murallas, la ciudad alcanzó su máximo esplendor en 292 d.C., cuando el emperador Maximiano la escogió como capital del Imperio Romano de Occidente, la protegió con nuevas y más adecuadas fortificaciones y trasladó aquí su corte. En 313, Constantino promulgó aquí el célebre Edicto de Milán, y en esta importante ciudad lombarda desarrolló su apasionada obra el obispo Ambrosio, convencido adversario del arrianismo, que había llegado a Milán en 370 como laico gobernador imperial.

La decadencia del imperio romano y la presión de las hordas bárbaras en las fronteras (los visigodos de Alarico en 401, los ostrogodos de Teodorico en 489 y, yendo adelante en el tiempo, hasta llegar a los godos que, no obstante la valiente resistencia de las tropas bizantinas, en 539 saquearon y devastaron la ciudad) marcaron también el rápido decaimiento del floreciente Milán, que en 569 fue ocupado por los longobardos de Alboíno, perdiendo definitivamente su supremacía en la región a favor de la vecina Pavía. Esta posición de inferioridad y de siempre más marcado aislamiento político se mantuvo inalterada también bajo los francos y los carolingios.

Pero dos grandes fuerzas contribuyeron en esa época a sostener la suerte y el destino de Milán: las florecientes actividades comerciales y la importante presencia del arzobispo, que a lo largo del tiempo había sabido consolidar y reforzar su prestigio y su poderío político. Un obispo, en particular, Ariberto de Intimiano, en el siglo XI - actuando una hábil y prudente política de bisagra entre los feudatarios y el pueblo - logró incluso hacer frente al mismo emperador y echó en cierto modo los cimientos para un lento despertar de la realidad milanesa. Y así, pese a seguir siendo el arzobispo la máxima autoridad ciudadana, en 1117 Milán se constituyó en comuna, con la rica burguesía llamada oficialmente a participar en la administración pública. Al cabo de poco tiempo, la potencia económica de la ciudad había crecido tanto que no sólo le permitió absorber las aldeas y villorrios cercanos sustituyéndose en sustancia a la preexistente estructura feudal, sino también ampliar sus miras expansionistas en detrimento de los centros vecinos, tales como Lodi y Como. La intención era dar vida a un auténtico Estado autónomo, aprovechando también el momentáneo desinterés por Italia de la dinastía imperial, ocupada en Germania en encarnizadas luchas por la sucesión.

Cuando Federico I Barbarroja, consolidado su poder, decidió reforzar nuevamente la debilitada hegemonía en la península itálica, pudo aprov... Seguir leyendo
Milán

Al principio fue sólo un pequeño asentamiento, que conoció una rápida expansión tras la conquista romana el año 222 a.C. y se afianzó definitivamente en 197 a.C., después de un paréntesis de rebelión cuando el cartaginés Aníbal atravesó los Alpes y penetró en Italia con su aguerrido ejército. Capital de la XI Región - Galia Transpadana - e importante y estratégico nudo comercial rodeado por el primer cinturón de murallas, la ciudad alcanzó su máximo esplendor en 292 d.C., cuando el emperador Maximiano la escogió como capital del Imperio Romano de Occidente, la protegió con nuevas y más adecuadas fortificaciones y trasladó aquí su corte. En 313, Constantino promulgó aquí el célebre Edicto de Milán, y en esta importante ciudad lombarda desarrolló su apasionada obra el obispo Ambrosio, convencido adversario del arrianismo, que había llegado a Milán en 370 como laico gobernador imperial.

La decadencia del imperio romano y la presión de las hordas bárbaras en las fronteras (los visigodos de Alarico en 401, los ostrogodos de Teodorico en 489 y, yendo adelante en el tiempo, hasta llegar a los godos que, no obstante la valiente resistencia de las tropas bizantinas, en 539 saquearon y devastaron la ciudad) marcaron también el rápido decaimiento del floreciente Milán, que en 569 fue ocupado por los longobardos de Alboíno, perdiendo definitivamente su supremacía en la región a favor de la vecina Pavía. Esta posición de inferioridad y de siempre más marcado aislamiento político se mantuvo inalterada también bajo los francos y los carolingios.

Pero dos grandes fuerzas contribuyeron en esa época a sostener la suerte y el destino de Milán: las florecientes actividades comerciales y la importante presencia del arzobispo, que a lo largo del tiempo había sabido consolidar y reforzar su prestigio y su poderío político. Un obispo, en particular, Ariberto de Intimiano, en el siglo XI - actuando una hábil y prudente política de bisagra entre los feudatarios y el pueblo - logró incluso hacer frente al mismo emperador y echó en cierto modo los cimientos para un lento despertar de la realidad milanesa. Y así, pese a seguir siendo el arzobispo la máxima autoridad ciudadana, en 1117 Milán se constituyó en comuna, con la rica burguesía llamada oficialmente a participar en la administración pública. Al cabo de poco tiempo, la potencia económica de la ciudad había crecido tanto que no sólo le permitió absorber las aldeas y villorrios cercanos sustituyéndose en sustancia a la preexistente estructura feudal, sino también ampliar sus miras expansionistas en detrimento de los centros vecinos, tales como Lodi y Como. La intención era dar vida a un auténtico Estado autónomo, aprovechando también el momentáneo desinterés por Italia de la dinastía imperial, ocupada en Germania en encarnizadas luchas por la sucesión.

Cuando Federico I Barbarroja, consolidado su poder, decidió reforzar nuevamente la debilitada hegemonía en la península itálica, pudo aprovechar el malcontento de los municipios sometidos por Milán y contar con su importante apoyo: tras un largo asedio, en 1162 entró en la ciudad y, después de haberla expugnado, la destruyó. Pero Milán supo rápidamente levantarse de nuevo, a tiempo para mudar a su favor el descontento suscitado por el gobierno imperial en las ciudades vecinas: fue así que las mismas se coaligaron con el resurgido Milán en la Liga de Pontida, que en 1176 obtuvo en Legnano una legendaria victoria sobre los imperiales.

La autonomía comunal estaba ahora ya definitivamente consolidada; pero los continuos conflictos internos que habrían marcado irremediablemente la convivencia entre las diferentes comunas terminaron por asegurar a la región un largo período de peligrosa inestabilidad. Hasta que una vez más un arzobispo, Ottone Visconti, después de duras y sangrientas luchas con otras importantísimas familias milanesas, logró en 1277 imponer su propio poder en la ciudad abriendo a su sobrino Matteo y a su sobrino nieto Azzone las puertas de la señoría milanesa.

Iniciaba así el largo período del dominio de la familia Visconti - nada menos que 130 años -, que si por un lado marcó el comienzo del verdadero renacer de la ciudad, destinada a revivir grandes faustos y esplendores, por el otro se caracterizó también por encarnizadas luchas dinásticas. En efecto, los Visconti consideraban a Milán y su Estado (que se expandía progresivamente en dirección a Piamonte, Emilia y Liguria) como una propiedad personal, a transmitirse y subdividirse de generación en generación. Y fue así, por ejemplo, que a mediados del siglo XIV su administración fue ejercida contemporáneamente por dos hermanos, Galeazzo II y Bernabò Visconti. Pero cuando en 1378 a Galeazzo II le sucedió su hijo, Gian Galeazzo, tal convivencia se volvió extremadamente incómoda, tanto es así que el que habría de afirmarse como uno de los más importantes y espléndidos señores de Milán no vaciló en desembarazarse brutalmente de su tío y de sus herederos. Mas ya a la muerte de Gian Galeazzo – que en 1395 había adquirido el título de duque – la situación pareció precipitar por la rivalidad entre sus tres herederos y el progresivo reforzarse de la potencia de los distintos, y ambiciosos, condotieros. Precisamente uno de ellos, Francesco Sforza, esposo de la última de los Visconti, Bianca Maria, después del breve paréntesis de la República Ambrosiana, en 1450 se hizo aclamar por el pueblo señor de la ciudad.

Francesco Sforza, destinado a devolverle a Milán concordia y prosperidad, se demostró un gobernante previsor y capaz, que se prodigó para asegurar la paz entre los distintos Estados italianos y el bienestar de su ciudad. No se demostraron igualmente hábiles sus sucesores, entre los cuales destaca Ludovico I el Moro que, aprovechando la prematura y violenta muerte de su hermano mayor, Galeazzo Maria, y las incertidumbres de la viuda regente, Bona de Saboya, logró asegurarse primero la tutela de su joven sobrino, Gian Galeazzo Maria, y luego, a la muerte de éstos, el poder absoluto. Ludovico fue un señor munífico, que regaló a Milán un majestuoso desarrollo urbanístico y un sustancial progreso económico; pero su política exterior, hecha de ambiciosas miras expansionistas, de continuas guerras y de un ininterrumpido entrelazamiento de alianzas y rivalidades, terminó por convertirse al correr del tiempo en un elemento de intrínseca debilidad para la suerte de la ciudad. A sufrir las consecuencias negativas de esta situación fueron sobre todo los descendientes de Ludovico, que vieron el ducado debilitarse y desmembrarse rápidamente, contendido como estaba entre Francia y España: en 1535, a la muerte de Francesco II Sforza, último de su dinastía, la potencia ibérica se aseguró definitivamente el dominio sobre Milán y sus territorios.

La dominación española, ejercitada por medio de un gobernador, significó para la ciudad un largo período de empobrecimiento y de estancamiento económico y político, marcado por el excesivo poder de la aristocracia local, la extenuante fiscalidad y dos terribles epidemias de peste, en 1576 y en 1629-1633. Y una vez más el arzobispado (con las extraordinarias figuras de San Carlos y Federico Borromeo), así como la increíble fuerza y vitalidad económica, fueron quienes salvaron a la ciudad de la catástrofe. En 1737, la potencia austríaca reemplazó a la dominación española, determinando un cambio fundamental. En efecto, el nuevo gobierno se señaló inmediatamente por un absolutismo marcadamente concentrador, que colocó a Viena en el centro de todo y relegó a Milán a la incómoda y pasiva función de satélite. Pero el dominio austríaco aseguró también - a la ciudad y a toda la comarca de Lombardía - reformas dirigidas a elevar el nivel de vida de la población y a mejorar la economía de los territorios.

Mientras tanto, siguiendo la estela del prestigio vienés, Milán volvía lentamente a asumir un rol significativo en Europa, al menos desde el punto de vista cultural: baste pensar, por ejemplo, en los pensadores y filósofos ilustrados que en la ciudad hallaron un ambiente particularmente favorable; en los círculos literarios que al correr del tiempo habrían de adquirir también importancia política; en los poetas, como Parini; en la obra de Cesare Beccaria, que con su Tratado de los delitos y las penas puso una piedra miliaria para toda la civilización europea; y, por último, en la imponente figura del escritor Alessandro Manzoni, paladín del Romanticismo. Sin embargo, con el tiempo la presencia austríaca fue advertida por las poblaciones lombardas como un yugo despótico y opresivo. Mérito, tal vez, del paréntesis revolucionario que la dominación francesa concediera a Milán, que entre 1796 y 1815 y siguiendo la estela de las ideas igualitarias y libertarias, vio primero la formación de la República Cisalpina y luego del Reino de Italia. Napoleón Bonaparte había entrado victorioso en Milán el 15 de mayo de 1796, y siempre aquí, el 26 de mayo de 1805, había sido coronado rey del nuevo Reino, cuyo gobierno había confiado a su hijastro, el virrey Eugenio Beauharnais.

Mas a la caída de Napoleón, en 1815, el dominio austríaco fue restaurado; y aunque más opresivo y menos tolerado que nunca, conoció un primer momento de crisis sólo con las insurrecciones de 1848 (10-22 de marzo), cuando los milaneses supieron rebelarse expulsando a los austríacos y optando por la anexión al Reino de Cerdeña: sin duda una gloriosa tentativa de libertad, pero destinada a naufragar por la derrota de Carlos Alberto de Saboya frente a los ejércitos de la dinastía germánica de Habsburgo. Fue necesario esperar hasta el 8 de junio de 1859 y la triunfal entrada en la ciudad de Víctor Manuel II y su aliado francés, Napoleón III (histórico evento preparado con gran habilidad política por el conde de Cavour), para declarar oficialmente el fin del dominio austríaco sobre Lombardía.

Con su ingreso a pleno título en el nuevo Estado unitario de Italia, Milán se convirtió al cabo de poco tiempo en la capital económica del nuevo reino y, en un cierto aspecto, también cultural: la ciudad conoció entonces un rápido y decisivo desarrollo urbanístico, un significativo incremento demográfico, un veloz crecimiento industrial y, consiguientemente, un rol a la vanguardia en lo social, rol que habría de convertirlo en el centro neurálgico de las primeras reivindicaciones socialistas.

Después de la primera guerra mundial y el período fascista, durante el cual la ciudad supo igualmente destacarse como centro de resistencia cada vez más activo y bien organizado - gracias también a personalidades de particular resalte, político y cultural -, las vicisitudes de la segunda guerra mundial infligieron a Milán profundas y devastadoras heridas. En efecto, los terribles bombardeos aéreos que se sucedieron, especialmente los del mes de agosto de 1943, llevaron a la total destrucción de vastas zonas de la ciudad. Después del armisticio, con la ocupación alemana, aquí operó hasta la liberación, el 25 de abril de 1945, uno de los más importantes centros y motores de la lucha partisana.

A partir de entonces, el vital y emprendedor Milán resurgió velozmente, reafirmando su propia predisposición al rol de capital económica del país y de pujante realidad, desde el punto de vista industrial, urbanístico, cultural y social, presentándose con inalterable y duradera energía a la cita con el tercer milenio de la historia de la humanidad.Cual nudo vital del que se irradia todo el tejido urbanístico de la ciudad, en el centro de Milán se abre la espléndida Piazza del Duomo, amplio y elegante rectángulo diseñado al pie de la Catedral para dar una vista más amplia y mejor a este monumento, poniendo de relieve su grandiosidad.

En efecto, cuando en 1859 la construcción del templo ya estaba casi terminada, el Ayuntamiento de Milán convocó a concurso para la realización y arreglo de la plaza delante del mismo. Entre 176 concursantes resultó favorecido el arquitecto Giuseppe Mengoni, cuyo proyecto modificó notablemente la fisonomía de la zona al realizar obras de tal envergadura que ellas solas absorbieron durante casi veinte años más del 40% de todo el balance comunal. La plaza fruto de esos trabajos se presenta rodeada de edificios pensados específicamente en función de la Catedral: el lado norte está ocupado por el Palacio Septentrional, y el sur por el Palacio Meridional. Ambos edificios están porticados: el soportal del primero está interrumpido por el arco de triunfo que da monumental acceso a la Galleria Vittorio Emanuele; el segundo está flanqueado por los “Propileos”, dos palacetes más pequeños con galerías delante de la fachada, construidos en 1939, dañados por los bombardeos de 1943 y completados en 1956. En el lado oeste campea, en cambio, el Palacio del Reloj. Exactamente en el centro de la plaza se admira la estatua ecuestre del rey Víctor Manuel II: realizada por Ercole Rosa e inaugurada en 1896, la misma representa al soberano mientras frena su caballo para volverse a incitar a sus soldados en la batalla de San Martino. También el subsuelo de la plaza esconde auténticos tesoros: en 1942, unas excavaciones sacaron a la luz importantes vestigios de la antigua Basílica de Santa Tecla, mientras que restos de la Catedral de Santa María la Mayor permanecen todavía por debajo de la imponente mole de la catedral actual.

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