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Pompei: Guía de viajes

Pompeya

Pompeya, a diferencia de otros centros campanos fundados en su mayoría por colonos griegos, surgió por mano de las poblaciones oscas posiblemente alrededor de los siglo IX-VIII a.C., aunque los testimonios llegados hasta nosotros no vayan más allá del siglo VI.
La pequeña ciudad se desarrolló sobre un terrazo de lava que se fo... Seguir leyendo
Pompeya

Pompeya, a diferencia de otros centros campanos fundados en su mayoría por colonos griegos, surgió por mano de las poblaciones oscas posiblemente alrededor de los siglo IX-VIII a.C., aunque los testimonios llegados hasta nosotros no vayan más allá del siglo VI.
La pequeña ciudad se desarrolló sobre un terrazo de lava que se formó muchos siglos antes. Ello representó un valedero baluarte natural respecto a las amenazadoras incursiones de las poblaciones cercanas. Al mismo tiempo, la naturaleza volcánica del terreno transformó el territorio del valle del Sarno particularmente fértil permitiendo un fuerte desarrollo de la economía agrícola.

Pompeya fue pronto en contacto con las cercanas colonias griegas: de ellas asimiló la cultura, los modales de vida y la religión de la Magna Grecia. Lo testimonia la presencia de un templo dórico levantado en el Foro Triangular.

La ciudad fue sometida a los Etruscos durante casi cincuenta años (hasta el año 474 a.C.) cuando estos ocuparon parte del interior de la Campania. Poco después volvió bajo la esfera de influencia de los Griegos. Entró después en el área de expansión de los Samnitas (siglo V), bajo los cuales se engrandeció notablemente formando aquel núcleo histórico cuyos restos son aún hoy conspicuos. Ello se puede detectar en parte por el cinturón de las murallas más antiguo, en la arquitectura de algunas viviendas (son aquellas caracterizadas por el patio de tipo tuscánico) y en los edificios públicos del Foro Triangular y en el Templo de Apolo del Foro Civil.

Mientras tanto, Roma había empezado su progresiva avanzada hacia la Italia meridional y había empezado a superar la resistencia de las poblaciones itálicas. También los samnitas tuvieron que rendirse a la Urbe, lo cual aconteció después de tres largas y ásperas guerras, la última de las cuales tuvo lugar en los años que van desde el 298 al 290 a.C. Con la conquista de la Campania también Pompeya, por tanto, terminó bajo el dominio romano, pasando a ser “socia”, un status que conllevaba el mantenimiento de una relativa autonomía local.
Desde aquel momento, su historia permanece estrechamente ligada a la de la Urbe y sólo en ocasión de la guerra social llevada por las poblaciones itálicas para defender, en una extrema tentativa, su propia libertad, ella se unió al levantamiento (91 a.C.). En el 89 a.C. fue asediada por Silla y expugnada, volviendo bajo la égida de Roma. En el 80 a.C. divino colonia romana con el nombre de Colonia Cornelia Veneria Pompeya.

Como ya en el pasado, Pompeya siguió engrandeciéndose y desarrollándose en todos los sectores, especialmente en el campo económico, muy favorecida por el territorio que la circundaba muy fértil y por su feliz posición.

Crecieron todas las actividades, sobretodo debido al comercio y a los tráficos marinos. El resultado de este notable desarrollo fue inmediato: en el exterior llevó a un aumento de la posición de prestigio de Pompeya respecto a las demás poblaciones campanas; en el interior, debido al aumento de la riqueza, tuvo un crecimiento general del tenor de vida de casi todas las clases sociales. De tal modo, se pudo afirmar cada vez más la clase “burguesa”, es decir, esa clase de comerciantes y emprendedores que había construido la fortuna de Pompeya y que de ella se veían ahora aventajados.

La florecida economía dio paso en Pompeya a un decidido crecimiento demográfico, un bienestar generalizado y también un notable embellecimiento ciudadano. En efecto, la clase burguesa amó rivalizar con la nobleza en la construcción de sus espléndidas villas. Los nuevos ricos, por el mero deseo de prevalecer sobre los aristócratas, tradicionalmente detentores del poder, competían para demostrar su opulencia a través de la suntuosidad de las viviendas y la preciosidad de sus decoraciones y de sus joyas.

La expansión urbana tuvo lugar sobre todo a lo largo de la vía de la Abundancia, centro simbólico de la nueva clase emergente. Pero la vida y el resplandor de Pompeya estaban destinados a terminar. Los primeros barruntos de la tragedia se tuvieron alrededor del año 62 d.C. cuando un fuerte terremoto asoló la ciudad y los centros campanos cercanos.
Rehacerse no fue fácil. La clase menos hacendada sufrió las consecuencias más graves puesto que tuvieron las casas destruidas. La mayor parte de los edificios públicos y privados estaban todavía en fase de consolidación y de restauración cuando el Vesubio entró en actividad y, en el plazo de poquísimas horas sembró muerte y destrucción. Era el 24 de agosto del 79 a.C.
El Vesubio empezó a lanzar sobre la ciudad y sobre las cercanas Herculano y Estabia una masa enorme de cenizas, lapilli y lava. Todo fue sumergido bajo una espesa capa de materiales de erupción de unos metros de altura. Los habitantes que, en su mayoría se echaron a la playa, fueron asfixiados por los gases, mientras otros hallaron la muerte en sus propias casas.


Las memorias del pasado y la fascinación de la ciudad desenterrada

Pompeya es uno de los más significativos testimonios de la civilización romana y se presenta como un excepcional libro abierto sobre el arte, sobre las costumbres, sobre los oficios, sobre la vida cotidiana del pasado. La ciudad ha venido a luz desde la obscuridad de los siglos así como era en el momento en que de repente fue cubierta por una espesa capa de cenizas salidas, junto con la lava, por la abrumadora erupción del Vesubio. Era el año 79 d.C. La tragedia fue desmedida: en el que había sido uno de los más activos y uno de los más espléndidos centros romanos la vida se paró para siempre. La espesa capa de material eruptivo que la sumergió, constituido en la mayor parte por ceniza y lapilli -material no duro a diferencia del que cubrió Herculano y que se solidificó en piedra durísima- le ha permitido a la ciudad llegar íntegra hasta nuestros días no sólo en su arquitectura, sino también en todo lo que había en el interior de las casas o dentro de las tiendas ofreciendo un cuadro de la vida cotidiana increíblemente fascinante.

A lo largo de los muros de las casas hay inscripciones de propaganda electoral o batutas salaces dirigidas a algún ciudadano. Sobre las puertas de las tiendas, los rótulos indican la actividad desarrollada o el nombre del propietario. Al lado de las villas señoriales de la nobleza y de aquellas lujosas de la burguesía, se levantan casas modestas donde vivían más familias. Las viviendas de los campesinos son, en cambio, organizadas alrededor de las huertas o del pequeño campo. A los márgenes de la ciudad se hallan los lupanares, asolados ambientes destinados a lugares de placer para los marineros y gente de paso. En los estrechos callejones, en las tiendas o en los espacios reservados a los servicios, se descubre en cambio la rutina cotidiana que interesaba a los trabajadores, a los esclavos y también a las amas de casa. En el interior de las casas se conservan todavía muebles, enseres, objeto de oro y de plata, instrumentos de trabajo, vajilla, lámparas de bronce y de terracota, mangares de toda especie, barras para tomar bebidas, molinos de aceite y muelas para el trigo, talleres para la elaboración de la ropa, talleres de carpinteros, tiendas de ultramarinos y de fruta y verduras.

Notable la documentación sobre la pintura romana que, sin los hallazgos de Pompeya, hubiera sido desconocida casi del todo. Amplia la documentación concerniente la arquitectura y la evolución de los tipos de vivienda. La ciudad desenterrada constituye por tanto un excepcional testimonio histórico de la civilización romana: las memorias del pasado, tan vivas y tan patentes en los restos que se han descubierto, constituyen el embrujo de hoy.

Aspecto general de la ciudad

Pompeya presenta la típica topografía de la ciudad romana con los decumanos y los cardos (las calles principales) que se cortan en ángulo recto formando una malla ortogonal: el cardo tiene la orientación norte-sur, el decumanus la de este-oeste.

Los ejes principales están constituidos por la vía di Nola -el decumano mayor- y la vía de Estabia (el cardo principal).

Casi paralelas a éstas, con el desarrollarse de la ciudad, se añadieron otras dos calles de soporte de la implantación urbanística: la vía de la Abundancia que representó el nuevo gran decumano ciudadano, y la vía del Foro que se desarrolla paralela a la vía de Estabia formando el segundo cardo. Ambas constituyeron, enlazándose a la zona del Foro civil, el centro de la vida política y económica de la ciudad.

Dos importantes cuadrivios -el cuadrivio de Orfeo y el cuadrivio de Holconio- establecieron los puntos de encuentro de los ejes principales de Pompeya. Alrededor de estos ejes se determinó un compacto retículo de calles que tenía que delimitar enteras manzanas (insulae).

El centro ciudadano, a excepción de la zona del Foro que se halla en una explanada, está caracterizado por un fuerte desnivel determinado por el terrazo de lava que ocupaba las últimas vertientes del monte.

La implantación ciudadana se presenta de forma rectangular. Alrededor de la ciudad se desarrolla el perímetro elíptico de las murallas a lo largo de unos 3 kms., siguiendo el margen del terrazo basáltico: algunos trozos remontan a la época samnita, otros a la ampliación de época romana. En este cinturón de defensa se abren distintas puertas: Marina, Herculano, Vesubio, Nocera, Capua y Sarno.

El casco más antiguo de Pompeya está centrado alrededor del Foro Triangular. En cambio, el nuevo Foro se levantó descentrado cerca de Puerta Marina cuando la ciudad, notablemente engrandecida, tuvo la necesidad de un espacio mayor.

En la zona periférica se construyeron el Teatro, el Anfiteatro y el Gimnasio. Las Termas se levantan en distintos puntos de la ciudad para mejor responder a las exigencias de los habitantes y para servir distintas zonas urbanas. Detrás de cada puerta se ha implantado una amplia zona cementerial con monumentos sepulcrales.

Fuera de la puerta Herculano, como prueba de la enorme expansión urbanística de la ciudad, se ha hallado una ancha zona periférica urbanizada: hay casas, tiendas y magníficas villas como la de Diomedes y la de los Misterios. Otra de las villas suburbanas que caracterizan el período de máxima extensión de Pompeya es la que se encuentra cerca de Puerta Marina y es conocida precisamente como villa suburbana de Puerta Marina.

Las viviendas remontan a distintos períodos históricos: más sencillas en la implantación y casi todas de tufo las pertenecientes al período presamnita; más elaboradas las del período samnita; decididamente más perfeccionadas las de época romana.
Los templos de Pompeya se levantan todos en la zona del Foro Mayor y del Foro Triangular y repiten, en su esquema, el estilo tradicional griego.

Toda la ciudad ofrece una amplia ejemplificación de tiendas: numerosas son las fullonicas (locales donde se trabajaban los tejidos), sector fundamental de la economía pompeyana, tanto que la corporación de Tintoreros tenía en el Foro un edificio (el llamado Edificio de Eumaquia) con sus tiendas y almacenes para el depósito de las mercancías.

Muchos son los “termopolia”, es decir locales donde se servían bebidas (los actuales bares), reconocibles por la barra con agujeros donde se colocaban las ánforas. Hallamos además hornos y molinos comunicantes a menudo con los almacenes para la conservación de los cereales.

Generalmente, todas las tiendas tienen paso a la vivienda del propietario que de este modo podía desarrollar su actividad más cómodamente y comprometer en ella a toda la familia y a la servidumbre.

Pompeya estaba llena de hoteles y viviendas en alquiler: en algunos edificios se hallan los rótulos que indican la posibilidad de alquilar casas o habitaciones. A menudo, también los baños se ofrecían en alquiler. Desde luego no faltaban las casas de juego y las casas de placer (lupanares).

Entre las curiosidades dignas de mención, podemos destacar los pasos de peatones, situados en los cruces: son enormes piedras colocadas a lo largo de las calles: ellas permitían a las personas pasar por encima, evitando mojarse los pies en caso de lluvia.

Particular mención se merecen los letreros de las tiendas, realizados a menudo con recuadros pintados y con la representación de la actividad de la misma tienda y el nombre del propietario.

Los muros de las casas están cuajadas de inscripciones: son avisos públicos de espectáculos o indicaciones para el alquiler de los locales o escritos de propaganda electoral y hasta de carácter satírico referidos a personas o a distintas situaciones.

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