2331 hoteles en Creta

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Ordenar por

Hotel Corissia Beach
5,6
Soles
99% Recomendación
Los viajeros destacan: buen conocimiento de idiomas, amabilidad del personal, fácil check-in y check-out, mostrar todos
Hotel:
a partir de € 56,-
la noche

Ikaros Beach Resort & Spa
5,5
Soles
96% Recomendación
Los viajeros destacan: proximidad a la playa, belleza de la piscina, buen conocimiento de idiomas, mostrar todos
Hotel:
a partir de € 66,-
la noche

Hotel King Minos Palace
5,4
Soles
97% Recomendación
Los viajeros destacan: amabilidad del personal, buen conocimiento de idiomas, limpieza del restaurante, mostrar todos
Hotel:
a partir de € 40,-
la noche

Hotel Orpheas Resort
5,4
Soles
94% Recomendación
Los viajeros destacan: proximidad a la playa, buen conocimiento de idiomas, amabilidad del personal, mostrar todos
Hotel:
a partir de € 51,-
la noche

Hotel Aldemar Royal Mare
5,3
Soles
94% Recomendación
Los viajeros destacan: proximidad a la playa, amabilidad del personal, buen conocimiento de idiomas, mostrar todos
Hotel:
a partir de € 85,-
la noche

Hotel Irini Mare
5,3
Soles
96% Recomendación
Los viajeros destacan: amabilidad del personal, buen conocimiento de idiomas, indicado para viajes en familia, mostrar todos
Hotel:
a partir de € 75,-
la noche

Hotel Ariadne Beach
5,3
Soles
96% Recomendación
Los viajeros destacan: proximidad a la playa, posibilidad de salir por la zona, posibilidad de irse de compras por la zona, mostrar todos
Hotel:
a partir de € 26,-
la noche

Clubhotel Magic Life Candia Maris Imperial
5,2
Soles
95% Recomendación
Los viajeros destacan: proximidad a la playa, buen equipamiento de la habitación, estado general del hotel, mostrar todos
Hotel:
a partir de € 70,-
la noche

Alexander Beach Hotel & Village
5,2
Soles
92% Recomendación
Los viajeros destacan: proximidad a la playa, amabilidad del personal, buen conocimiento de idiomas, mostrar todos
Hotel:
a partir de € 76,-
la noche

Hotel Atrium
5,2
Soles
94% Recomendación
Los viajeros destacan: amabilidad del personal, competencia del personal, buen conocimiento de idiomas, mostrar todos
Hotel:
a partir de € 49,-
la noche

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Información de la región Creta


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País y gente

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Creta: Guía de viajes

Creta

Creta, la hermosísima isla de infinitos enigmas y antiquísima civilización es, pese a sus muchos tesoros aún inexplorados, el punto de enlace entre la civilización clásica del área mediterránea y las milenarias culturas de Egipto y del Asia Menor. La áspera isla de Minos es, pues, el puente ideal (artístico, religioso e incluso l... Seguir leyendo
Creta

Creta, la hermosísima isla de infinitos enigmas y antiquísima civilización es, pese a sus muchos tesoros aún inexplorados, el punto de enlace entre la civilización clásica del área mediterránea y las milenarias culturas de Egipto y del Asia Menor. La áspera isla de Minos es, pues, el puente ideal (artístico, religioso e incluso lingüístico) que conecta tres continentes: Asia, Africa y Europa. El largo territorio de la isla está recorrido por los elevados macizos de los Montes Blancos, del Monte Ida y del Dhikti Oros, a los que se suma la singular altiplanicie de Lasithi, que dejan poco espacio a las fértiles llanuras que caracterizan a otras islas de similar extensión; constituye una excepción la fértil franja de la llanura de Mesarás, en la vertiente centro-meridional. Y sin embargo, el áspero y atormentado paisaje montañoso parece a menudo desmenuzarse en una serie infinita de sugestivas gargantas, que durante los meses invernales reciben las aguas impetuosas de los torrentes, cuyas fuerzas desatadas contribuyen todavía hoy a modelar la naturaleza misma del paisaje cretense, y en verano corren por ellas los pobres arroyuelos adelgazados por la sequedad y el calor bochornoso de un sol centelleante e implacable. Sobre el continuo abrirse de surcos de erosión y escarpados valles, de pequeñas llanuras y limitadas mesetas, domina sin rivales y visible prácticamente desde todos los puntos de la isla, el alto macizo del Monte Ida, patria del padre de los dioses del Olimpo, Zeus, cuyo símbolo de poder, el toro con sus poderosos cuernos, fue reconocido en los dos puntiagudos picos que caracterizan la cima de la montaña y que protegen el Antro Ideo, cuna del dios niño: con toda verosimilitud, precisamente por esa parte siempre en vista del paisaje, en forma de cuernos y estrechamente ligada al culto del dios supremo, nació la imagen simbólica de los “dobles cuernos” que en todos los palacios y santuarios minoicos recuerdan la presencia de la divinidad y el poder que de ella le derivaba a la estirpe real. Sin embargo, la fuerza y la belleza de la isla de Creta residen principalmente en sus espléndidas costas: un perfil recortado, que se abre en una serie infinita de bahías, puertos, caletas y ensenadas naturales, que ofrecen fácil acceso y abrigo gracias a la presencia de las alturas que descienden, a veces escarpadas y amenazadoras, hasta espejarse en las aguas azules de los mares Líbico y de Creta. Costas que durante milenios brindaron un atracadero seguro a las naves que surcaban el Mediterráneo en busca de nuevas tierras para explorar y conquistar, de nuevos vínculos para los tráficos comerciales y para entablar relaciones políticas y culturales: egipcios, chipriotas, rodios, fenicios, minoicos, micénicos, griegos, romanos, bizantinos y árabes, sin olvidar a los cruzados, a las Repúblicas Marineras de la Italia medieval o a los turcos, hasta llegar a las modernas flotas militares y a las numerosas embarcaciones turísticas.

La atormentada historia de la isla, sembrada de tentativas de dominación y de una sucesión de invasiones y ocupaciones, testimonia el interés, no siempre movido por intenciones pacíficas, que desde siempre la isla de Creta suscitó en todos los pueblos. Ya habitada por un pueblo de cazadores en el Paleolítico y el Mesolitico, entre el VII y el IV milenio a.C. llegaron a ella, probablemente con toscas embarcaciones, pueblos neolíticos provenientes de la península de Anatolia (hoy Turquía), en Asia Menor, que traían consigo animales domésticos y semillas de plantas y que, cobijándose en cuevas o en simples casuchas rectangulares de materiales perecederos, iniciaron pronto la producción de vasijas de terracota trabajada aún a mano libre. Los frecuentes hallazgos de pequeños ídolos femeninos esteatopigios (“de nalgas exageradas”) cuyo tipo era común a toda el área cultural del Mediterráneo en ese mismo período, documenta la existencia de un culto profundo y arraigado de una gran Diosa Madre, dispensadora de fertilidad y abundancia, que perdurará en los sucesivos períodos y será la divinidad principal del mundo egeo. Durante el III milenio a.C., el arribo de otros pueblos de Anatolia - tal vez. de la misma estirpe de la cual surgirá un día el potente pueblo de los hititas, que vivía en las altiplanicies internas de la actual Turquía - determinó en Creta una fusión entre las tradiciones culturales locales y los aportes externos, que dio vida a la civilización del Bronce, el período más grande de la historia de Creta, conocido como Período Minoico, por el nombre del mítico rey de la isla, Minos. La potencia que las ciudades de la isla alcanzaron aproximadamente entre el 2700 y el 1100 a.C. (con apogeo hacia 2000 - 1450 a.C.) está documentada también en las fantásticas gestas de los dioses, no pocas de las cuales ambientadas en Creta, y en las leyendas que conoció todo el mundo clásico y que llegaron a permear la cultura del Occidente moderno: el tributo que el rey Minos exigía anualmente a Atenas, doce entre jovencitas y jovencitos pertenecientes a las familias aristocráticas de la ciudad, para inmolarlos como comida para su monstruoso hijo el Minotauro, mitad hombre y mitad toro, es clara alusión a hechos históricos realmente acaecidos. Se refiere en especial a un momento en que el dominio minoico en los mares había llevado el expansionismo de Creta hasta Atenas, la cual fue obligada a enviar periódicamente tributos a la gran isla, entre ellos esclavos, hasta que los atenienses se rebelaron (en el mito los representa Teseo, el libertador hijo de Egeo, rey de Atenas); probablemente a la revuelta siguieron tratados políticos y alianzas matrimoniales, como parecería indicar la historia de amor entre el joven héroe ateniense y la hija de Minos, Ariadna. De todos modos, el Período Minoico fue una edad de grandes fastos para la isla: se construyeron suntuosos palacios ocupados por familias reales que controlaban todas las actividades productivas en su propio territorio, concentraban los frutos de las mismas y los distribuían luego sabiamente a la población; este sistema tuvo seguramente éxito, teniendo en cuenta que, después de la catástrofe provocada por el gran terremoto, acompañado por maremotos e incendios - al que de inmediato siguieron invasiones de pueblos de la Grecia continental - que destruyó hacia el 1700 a.C. los primeros palacios, se construyeron los segundos según una planta que refleja una organización casi idéntica de la vida. Este modo de vida durará aún por algunos siglos hasta que, hacia 1450 a.C., un nuevo cataclismo destruyó también esta segunda fase de la Creta minoica: tal vez fue la tremenda erupción del volcán de la isla de Santorín (Thera), acontecimiento de tales dimensiones que inclusive la Biblia habla de él, y del que probablemente nació el mito de una entera civilización sumergida en el mar con sus ciudades de oro, Atlántida. El alcance de la erupción está documentado arqueológicamente, entre otras cosas, por diversos metros de cenizas y materias volcánicas de Thera hallados nada menos que en el golfo de Tarento, a miles de kilómetros de distancia. El desarrollo de las potentes monarquías burocráticas minoicas, parecidas a las que gobernaban en los centros del Cercano Oriente, se refleja en las notables dimensiones y en el lujo refinado de palacios, fincas y viviendas privadas, desde las que una verdadera talasocracia (“dominio sobre los mares”) controlaba la cuenca del mar Egeo. Los exponentes de esta casta registraban sus actividades, sus cuentas de administración, sus contratos, escribiendo en tablillas de arcilla en un idioma afín al futuro griego clásico y en una escritura derivada del sistema jeroglífico, que aún hoy no ha sido descifrada completamente. Eran intensos los contactos con las islas vecinas y con la Siria de los fenicios, con el Asia Menor y con Egipto, cuyos documentos hacen referencia a los Keftíou, un pueblo aliado en el que se cree identificar justamente a los Cretenses minoicos. El mundo espiritual cretense era complejo y articulado; así lo revelan las sepulturas, cuyos ajuares testimonian la creencia en una vida ultraterrena, y los símbolos religiosos sobre los cuales domina, junto a los dobles cuernos, el hacha de doble filo con la cual el rey-sacerdote podía, si necesario, ejercer su dùplice derecho, político y religioso: derecho de vida y de muerte con un filo sobre los civiles y otro sobre las víctimas sacrifícales. La cultura minoica se extendió y arraigó incluso en la no lejana península griega del Peloponeso, donde las florecientes ciudades de Argos, Pilos, Nauplia, Micenas y Tirinto vivían en la luz de la análoga civilización minoica. A la caída de ésta, marcada por la erupción volcánica, las poblaciones del Peloponeso, de estirpe aquea, se arrojaron sobre las costas de Creta debilitada y martirizada y conquistaron fácilmente las ciudades, dando comienzo a una de las más singulares inversiones de la historia: la civilización micénica, casi hija de la minoica y que de todos modos tenía en ésta raíces profundas, invadía ahora esa misma Creta para reemplazar a la cultura que la había generado. No obstante, también la Edad Micénica fue período de esplendor y de potencia para Creta; a esta época se remontan hechos de los que hoy quedan huellas sólo en la épica o en el mito, como la participación de valerosos héroes cretenses en la guerra de Troya narrada por Homero. Los reyes aqueos ocuparon los mismos sitios de sus predecesores minoicos, reconstruyéndolos y adaptándolos a sus exigencias; sus documentos están escritos en un idioma progenitor del griego clásico y con una escritura en cierto modo conectada con la de sus precursores, la Lineal B. Hacia 1050 a.C., la invasión de pueblos de estirpe dórica, provenientes del continente, marca el fin de la civilización micénica (en Creta como en el resto de Grecia) y el comienzo de la civilización griega clásica. Creta se transforma en una gran potencia, con sus numerosas ciudades-estado que se dividen la gran herencia económica y cultural de los reinos micénicos en la tierra firme y en el mar, permaneciendo siempre conectada a la lengua y a la cultura de las estirpes dóricas. Rica, poderosa y en posición estratégica, tendrá firmes contactos con Oriente y contribuirá, importando productos y acogiendo artesanos, a la creación del estilo griego clásico, el cual recibirá continuamente vivaces estímulos por parte del estilo de las costas anatólicas grecizadas. Con este pasado de destacadas tradiciones históricas, Creta cayó en manos de los romanos, nuevos dominadores del Mediterráneo, en el siglo I a.C., cuando el cónsul Mételo, llamado precisamente “el Cretense”, arrasó la isla y la conquistó para la Ciudad Eterna. Con la formación del Imperio, Creta, unificada con la Cirenaica (hoy Libia), formó una provincia única, una de las más ricas del Imperio, cuyo gobernador residía en Cortina, en la llanura de Mesarás.

A partir de las postrimerías del Imperio Romano, la historia de la isla, objeto de la codicia de todos los pueblos que daban al Mediterráneo, se hace cada vez más confusa y dramática, ensangrentada por continuas agresiones y las naturales rebeliones contra los opresores. Desde el 324 formó parte, como toda la Grecia, del Imperio Bizantino; en el 823 fue arrebatada por los árabes, que permanecieron en ella por más de un siglo, hasta el año 961.

Rescatada por la flota bizantina de Nicéforo Focas, después de la IV Cruzada se la disputaron las repúblicas marineras de Genova y Venecia, con el triunfo de la Serenísima. Esta mantuvo el poder por un período próspero si bien largo, desde 1204 hasta 1669, y debió sofocar numerosas revueltas en reclamo de la libertad; aún hoy, en todo el territorio de la isla se conservan recuerdos de estas luchas. Fue atacada e invadida por los turcos en 1645, pero la conquista se completó sólo cuando, después de un denodado asedio de casi 24 años, cayó la capital, Candía; esta rendición marcó la retirada definitiva de los venecianos. Creta permaneció bajo los despiadados dominadores extranjeros por más de dos siglos, desde 1669 hasta 1898, el período más sombrío de su historia, en que fue centro de encarnizada resistencia contra el invasor turco, pagándola con un número incalculable de víctimas inocentes. Apoyada por Inglaterra, se sublevó en 1898 y declaró su independencia; la anexión a Grecia data de 1913. En 1923 la población musulmana fue obligada a dejar la isla, en la que encontraron refugio, por el contrario, los griegos que huían de las costas turcas. Durante la II guerra mundial cayó en manos de los alemanes, quienes se vieron obligados a enfrentar la violenta oposición de un pueblo orgulloso, cuya principal característica, madurada a lo largo de su atormentada historia, es precisamente un ardiente deseo de libertad. Hoy, la isla de Creta constituye la joya más preciada de Grecia.

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Relatos sobre Creta.

Anoche soñé que volvía a Plakiás, el pueblo más bello y el más triste de todo el mar Egeo. Irrumpieron en m... Seguir leyendo

3 813 opiniones de hoteles Creta con una nota media de 5.34 sobre 6

3813 5
Hotel CastelloNo recomendar el hotel
Castello City Hotel in Heraklion, Creta
2,2
Soles
baño superpequeño y plato ducha indescriptible de pequeño que era, incomodo e imposible ducharse, agua por todo con una cortina, apenas te podias mover, etc..., no recomiendo para nada este hotel, aunque sea centrico Seguir leyendo
en agosto 10
,
Margalida, 56-60 años, Amigos
leída 105 veces

Perfecto para escapadasHotel recomendado
Hotel King Minos Palace in Chersonissos, Creta
5,5
Soles
El hotel es perfecto pata desconectar unos días por lo que si, quieres olvidarte del trabajo y de la vida monótona, ve a este hotel y tranquiliza tus nervios disfrutando de las piscinas, comida y todo lo que te puedas imaginar. Seguir leyendo
en junio 10
,
Joaquín, 56-60 años, Pareja
leída 397 veces

Cierto personal impresentableHotel recomendado
Hotel Iberostar Creta Mare in Panormos, Creta
4,3
Soles
Las de la limpieza correctísimas. Y las jóvenes recepcionistas encantadoras. Normalita. Solo la usabamos para dormir. No es normal llegar a las 6:30 de la mañana, solo había un señor en recepción que encima te hace rellenar papeles. Para colmo hubo que insistirle en que no habíamos dormido nada y que nos mandara un botones. Tambien debo protestar por el abuso de los ingleses de dejar todo el día la toalla en las tumbonas sin que aparecieran a ocuparlas. Eso si, un impresentable del bar de... Seguir leyendo
en agosto 11
,
Alvaro, 31-35 años, Pareja
leída 350 veces

Pros y contras de mi estancia en Creta MareNo recomendar el hotel
Hotel Iberostar Creta Mare in Panormos, Creta
4,2
Soles
Para empezar he de decir, que me esperaba mucho más. El recinto es bastante grande y boniot, con muy buenas vistas, además mi bungalow daba al mar. La habitación, era muy muy normalita, y el cuarto de baño tenía lo básico pero estaba bastante viejo. En cuanto a limpieza, perfecto. Nosotros teníamos contratado un Todo Incluido, que estaba bastante bien, la única pega era que en la piscina no servían alcohol. La mayoría de la clientela eran Ingleses, Franceses..,sobretodo familias. Las piscin... Seguir leyendo
en agosto 11
,
María, 26-30 años, Pareja
leída 359 veces


 
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