Dinamarca
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Dinamarca
Dinamarca es un país complejo que en su sección europea (o sea, sin considerar el archipiélago de las Feroe, ni Groenlandia) ocupa una superficie de más de 43.000 kms2. Este país, integrado por un amplia península, el Jylland, que avanza hacia el norte, y por un rico archipiélago (en una de sus islas surge la capital, Copenhague), actualmente está gobernado por una monarquía constitucional y por el sur limita con Alemania, mientras su parte occidental está bañada por el Mar del Norte. Por el norte el Skagerrak y por el este el Kattegat lo separan respectivamente de Noruega y Suecia.
LA POBLACIÓN
Quienes lleguen a Dinamarca de inmediato se sorprenden de la cordialidad extrema de sus habitantes (más de 5 millones según el censo de 1991, concentrados sobretodo en las grandes ciudades del país, Copenhague, Århus, y Odense en particular). Esta cordialidad tan peculiar de los daneses hacia el exterior se remonta a épocas remotas, tratándose de una población que desciende directamente de los Dánicos y de los Vikingos, valientes pueblos escandínavos quienes se dedicaron durante siglos a la navegación y a la conquista de nuevas tierras. Y los rasgos típicos de las fisonomías danesas todavía reflejan los que tuvieron que ser las rostros orgullosos y abiertos, tenaces y luminosos de sus progenitores.
LA LENGUA
La lengua oficial de Dinamarca es el danés que forma parte de la rama oriental del grupo nórdico de las lenguas germánicas. Su pronunciación, muy dura y nasal, la hace aparecer más dura y difícil de lo que es efectivamente. En algunas zonas del Sur del Jylland, antiguo dominio germánico del Schleswig, todavía se habla el alemán, mientras más al norte se encuentran enclaves lingüísticas bastante significativas de sueco.
LA PREHISTORIA
Cuando los hielos de la última glaciación empezaron a retirarse (unos 10.000 años a.C), los extensos páramos de la península danesa y de las islas más grandes de su archipiélago empezaron a poblarse de renos, detrás de los que llegaron los primeros habitantes, nórdicos que se dedicaban precisamente a la caza de estos animales. Los primeros, más conspicuos asientamientos se remontan en cambio al Neolítico (3000 a.C.) y coincidieron con un desarrollo primordial de las técnicas agrícolas y de la ganadería. Esta primitiva civilización, que progresó con el descubrimiento de los metales y que bien pronto fue capaz de establecer relaciones con las más desarrolladas culturas del área mediterránea, ha hecho llegar hasta nosotros imponentes testimonios, como las grandes tumbas megalíticas y los articulados restos de pueblos. De la Edad de Hierro (500 a.C.-800 d.C.) quedan algunos interesantes cuerpos, conservados y luego devueltos por las turberas de Tollund y Grauballe, tan perfectos que se puede intuir la fisonomía de estos antiguos habitantes de la península danesa que, por muchos aspectos, presentan características fisicas bastante parecidas a las de la población act... Seguir leyendo
Dinamarca es un país complejo que en su sección europea (o sea, sin considerar el archipiélago de las Feroe, ni Groenlandia) ocupa una superficie de más de 43.000 kms2. Este país, integrado por un amplia península, el Jylland, que avanza hacia el norte, y por un rico archipiélago (en una de sus islas surge la capital, Copenhague), actualmente está gobernado por una monarquía constitucional y por el sur limita con Alemania, mientras su parte occidental está bañada por el Mar del Norte. Por el norte el Skagerrak y por el este el Kattegat lo separan respectivamente de Noruega y Suecia.
LA POBLACIÓN
Quienes lleguen a Dinamarca de inmediato se sorprenden de la cordialidad extrema de sus habitantes (más de 5 millones según el censo de 1991, concentrados sobretodo en las grandes ciudades del país, Copenhague, Århus, y Odense en particular). Esta cordialidad tan peculiar de los daneses hacia el exterior se remonta a épocas remotas, tratándose de una población que desciende directamente de los Dánicos y de los Vikingos, valientes pueblos escandínavos quienes se dedicaron durante siglos a la navegación y a la conquista de nuevas tierras. Y los rasgos típicos de las fisonomías danesas todavía reflejan los que tuvieron que ser las rostros orgullosos y abiertos, tenaces y luminosos de sus progenitores.
LA LENGUA
La lengua oficial de Dinamarca es el danés que forma parte de la rama oriental del grupo nórdico de las lenguas germánicas. Su pronunciación, muy dura y nasal, la hace aparecer más dura y difícil de lo que es efectivamente. En algunas zonas del Sur del Jylland, antiguo dominio germánico del Schleswig, todavía se habla el alemán, mientras más al norte se encuentran enclaves lingüísticas bastante significativas de sueco.
LA PREHISTORIA
Cuando los hielos de la última glaciación empezaron a retirarse (unos 10.000 años a.C), los extensos páramos de la península danesa y de las islas más grandes de su archipiélago empezaron a poblarse de renos, detrás de los que llegaron los primeros habitantes, nórdicos que se dedicaban precisamente a la caza de estos animales. Los primeros, más conspicuos asientamientos se remontan en cambio al Neolítico (3000 a.C.) y coincidieron con un desarrollo primordial de las técnicas agrícolas y de la ganadería. Esta primitiva civilización, que progresó con el descubrimiento de los metales y que bien pronto fue capaz de establecer relaciones con las más desarrolladas culturas del área mediterránea, ha hecho llegar hasta nosotros imponentes testimonios, como las grandes tumbas megalíticas y los articulados restos de pueblos. De la Edad de Hierro (500 a.C.-800 d.C.) quedan algunos interesantes cuerpos, conservados y luego devueltos por las turberas de Tollund y Grauballe, tan perfectos que se puede intuir la fisonomía de estos antiguos habitantes de la península danesa que, por muchos aspectos, presentan características fisicas bastante parecidas a las de la población act... Seguir leyendo
Dinamarca
Dinamarca es un país complejo que en su sección europea (o sea, sin considerar el archipiélago de las Feroe, ni Groenlandia) ocupa una superficie de más de 43.000 kms2. Este país, integrado por un amplia península, el Jylland, que avanza hacia el norte, y por un rico archipiélago (en una de sus islas surge la capital, Copenhague), actualmente está gobernado por una monarquía constitucional y por el sur limita con Alemania, mientras su parte occidental está bañada por el Mar del Norte. Por el norte el Skagerrak y por el este el Kattegat lo separan respectivamente de Noruega y Suecia.
LA POBLACIÓN
Quienes lleguen a Dinamarca de inmediato se sorprenden de la cordialidad extrema de sus habitantes (más de 5 millones según el censo de 1991, concentrados sobretodo en las grandes ciudades del país, Copenhague, Århus, y Odense en particular). Esta cordialidad tan peculiar de los daneses hacia el exterior se remonta a épocas remotas, tratándose de una población que desciende directamente de los Dánicos y de los Vikingos, valientes pueblos escandínavos quienes se dedicaron durante siglos a la navegación y a la conquista de nuevas tierras. Y los rasgos típicos de las fisonomías danesas todavía reflejan los que tuvieron que ser las rostros orgullosos y abiertos, tenaces y luminosos de sus progenitores.
LA LENGUA
La lengua oficial de Dinamarca es el danés que forma parte de la rama oriental del grupo nórdico de las lenguas germánicas. Su pronunciación, muy dura y nasal, la hace aparecer más dura y difícil de lo que es efectivamente. En algunas zonas del Sur del Jylland, antiguo dominio germánico del Schleswig, todavía se habla el alemán, mientras más al norte se encuentran enclaves lingüísticas bastante significativas de sueco.
LA PREHISTORIA
Cuando los hielos de la última glaciación empezaron a retirarse (unos 10.000 años a.C), los extensos páramos de la península danesa y de las islas más grandes de su archipiélago empezaron a poblarse de renos, detrás de los que llegaron los primeros habitantes, nórdicos que se dedicaban precisamente a la caza de estos animales. Los primeros, más conspicuos asientamientos se remontan en cambio al Neolítico (3000 a.C.) y coincidieron con un desarrollo primordial de las técnicas agrícolas y de la ganadería. Esta primitiva civilización, que progresó con el descubrimiento de los metales y que bien pronto fue capaz de establecer relaciones con las más desarrolladas culturas del área mediterránea, ha hecho llegar hasta nosotros imponentes testimonios, como las grandes tumbas megalíticas y los articulados restos de pueblos. De la Edad de Hierro (500 a.C.-800 d.C.) quedan algunos interesantes cuerpos, conservados y luego devueltos por las turberas de Tollund y Grauballe, tan perfectos que se puede intuir la fisonomía de estos antiguos habitantes de la península danesa que, por muchos aspectos, presentan características fisicas bastante parecidas a las de la población actual. Sin embargo, para registrar un auténtico cambio en los acontecimientos de estas tierras que avanzan hacia la península escandínava tuvo que esperar el siglo VI d.C y la llegada de los Dánicos una población de origen sueca que trajo consigo sus propias estructuras sociales introduciendo la figura del soberano y la práctica de la centralización del poder y echando de este modo las bases de la unidad territorial y política que impondrían los Vikingos.
LOS VIKINGOS
Poco se sabe de las orígenes (sin duda escandínavas) del pueblo vikingo y del significado de su nombre (derivado quizás de vik, en antiguo noruego, la entrada del fiordo, o quizás de vikja, el término con que se indicaba el deseo de ir lejos). Sin duda alguna en el siglo VIII los Vikingos ya se habían asentado en la Dinamarca actual y habían emprendido numerosas incursiones hacia las vecinas islas británicas. Orgulloso pueblo de valientes navegantes, capaces de llegar hasta las lejanas costas de Groenlandia y de imponerse con las armas en los territorios francés y germánico, pero también de hacer llegar hasta nosotros señales precisos de una compleja civilización (como las severas arquitecturas de ladrillos, las fortalezas, y sobre todo las innombrables piedras rúnicas utilizadas como monumento fúnebre o bien para celebrar acontecimientos particularmente significativos), éstos dieron vida, con el rey Gorm el Viejo y con su hijo Aroldo a la primera dinastía danesa, que tuvo, con Canuto I y con Canuto II, ambos soberanos de Dinamarca, Inglaterra y Noruega, sus principales representantes. También después 1050 y la progresiva crisis del poder vikingo, los destinos de estos tres países quedaron íntimamente ligados durante mucho tiempo, contra los objetivos de los señores feudales alemanes y las tendencias a la expansión de los pueblos germánicos. Grandes reyes, como Valdemar I, Enrique VI, y Valdemar IV (XIII-XIV siglo) fueron obligados a enfrentar, con resultados más o menos felices este preocupante problema. Pero, sólo la hija de Valdemar IV, Margarita I, mujer de Haakon VI de Noruega, logró de nuevo reunir en su cabeza las tres coronas, obteniendo el apoyo unánime de la nobleza escandínava y recuperando una posición de fuerza frente a los enemigos germánicos. La situación permanecía inestable, pero parecía delinearse, para Dinamarca, una solución favorable.
LA DINAMARCA MODERNA
Quienes donaron a este país una identidad nacional renovada y también siglos de esplendor y de potencia fueron los Oldemburg, una dinastía que puede considerarse sin duda las más antigua casa reinante de Europa, hundiendo sus raíces en el siglo XI. Desde la mitad del siglo XV y sin solución de continuidad, los Oldemburg ocupan el trono de Dinamarca. Cristian de Oldemburg, en efecto, hijo de Teodorico el Afortunado y de Edvige de Holstein, entre 1448 (apenas 36 años después de la muerte de la reina Margarita) y 1460 reunió en su persona las coronas de Dinamarca (con el nombre de Cristian I), Noruega y Suecia, a las que se añadieron los títulos de conde de Holstein y de duque de Schleswig, creando así la fortuna futura de su dinastía. Con él en efecto, se concluyó la así llamada Edad Media danesa y con sus descendientes el país progresaría económica, cultural artística y políticamente. Hasta que en 1849, Dinamarca obtuvo su primera Constitución, promulgada por Federico VII. Desde entonces la monarquía representa el auténtico centro alrededor del que se mueve la vida del Pais. Y aunque hoy en día, según la nueva Grundlov (Constitución) promulgada el 5 de junio de 1953, la monarquía, aunque permaneciendo hereditaria, únicamente ejerce el poder ejecutivo, dado que el poder legislativo únicamente corresponde al Parlamento y el judicial a los tribunales, la soberana actual, Margarita II, subida al trono a los 32 años apenas para suceder a su padre Federico IX, tras la abolición, en 1953, de la ley que excluía la sucesión femenina, representa hoy en día el auténtico símbolo de la identidad nacional. La soberana con el príncipe consorte Henrik, noble de orígenes franceses, del que tuvo dos hijos, Frederik, heredero al trono, nacido en 1968, un año después de la boda de sus padres, y Joachim, nacido en 1969, vive habitualmente en Amalienborg. Aquí, para demostrar el amor de los daneses para sus reina, siempre hay un numeroso público, y no sólo de turistas que cada día acude, al mediodía para ver la espectacular Vagtparade es decir el Relevo de la Guardia que, cuando la reina se encuentra en sus apartamentos es escandido solemnemente por las notas de una banda musical.
EL PAISAJE
Nacida de las sucesivas estratificaciones sedimentarias relacionadas con la acción de las aguas marinas que durante enteras eras geológicas sigiueron expandiéndose y retirándose, y por eso desarrollada esencialmente en línea horizontal, desprovista de alturas particularmente pronunciadas y completamente rodeada (y fragmentada) por el mar, Dinamarca presenta un paisaje vario y uniforme al mismo tiempo, con largas extensiones de playas arenosas y de escenográficas dunas interrumpidas por unos fiordos que avanzan y por unas costas rocosas que se lanzan adelante imperiosamente. De este modo también en el interior, a las amplias extensiones cultivadas (que con sus cálidas tonalidades cromáticas caracterizan el área más meridional del país) van sustituyéndose lagos y brezales, turberas y extensiones de arbustos, del pino mugo a los arándanos, de los sauces nanos a la yedra. Y aún más al norte, se encuentran bosques lozanos que, sin embargo, sólo son un pequeño recuerdo de las que fueron, en tiempos antiguos, las inmensas selvas de hayas y encinas que cubrían casi completamente estas tierras estupendas, y que fueron diezmadas por la explotación intensiva y por la necesidad, cada vez más urgente, de conquistar terrenos para la agricultura.
EL CLIMA
Constantemente expuesta a los vientos frescos y húmedos procedentes del oeste, Dinamarca se caracteriza por un clima atlántico, templado marítimo, que sólo en algunas zonas se hace continental. Las precipitaciones son bastante abundantes y casi distribuidas uniformemente. Éstas contribuyen así al desarrollo de la vegetación y a la abundancia de agua dulce, evidente sobre todo por la presencia de lagos, mientras la red hidrográfica aparece, por el contrario, menos definida, también por la morfología del territorio, esencialmente llano. Las temperaturas se conservan dulces, con veranos frescos e inviernos no muy fríos aunque a veces no falten las excepciones: las medias estacionales varían efectivamente entre 17° y 20° en verano (julio resulta, a este respecto, el mes más caliente), mientras en invierno se registran a menudo algunos grados bajo cero. Sólo en caso de frío particularmente intenso los canales que dividen las islas del archipiélago se presentan increíblemente sugestivos, con la formación de hielos marinos.
Dinamarca es un país complejo que en su sección europea (o sea, sin considerar el archipiélago de las Feroe, ni Groenlandia) ocupa una superficie de más de 43.000 kms2. Este país, integrado por un amplia península, el Jylland, que avanza hacia el norte, y por un rico archipiélago (en una de sus islas surge la capital, Copenhague), actualmente está gobernado por una monarquía constitucional y por el sur limita con Alemania, mientras su parte occidental está bañada por el Mar del Norte. Por el norte el Skagerrak y por el este el Kattegat lo separan respectivamente de Noruega y Suecia.
LA POBLACIÓN
Quienes lleguen a Dinamarca de inmediato se sorprenden de la cordialidad extrema de sus habitantes (más de 5 millones según el censo de 1991, concentrados sobretodo en las grandes ciudades del país, Copenhague, Århus, y Odense en particular). Esta cordialidad tan peculiar de los daneses hacia el exterior se remonta a épocas remotas, tratándose de una población que desciende directamente de los Dánicos y de los Vikingos, valientes pueblos escandínavos quienes se dedicaron durante siglos a la navegación y a la conquista de nuevas tierras. Y los rasgos típicos de las fisonomías danesas todavía reflejan los que tuvieron que ser las rostros orgullosos y abiertos, tenaces y luminosos de sus progenitores.
LA LENGUA
La lengua oficial de Dinamarca es el danés que forma parte de la rama oriental del grupo nórdico de las lenguas germánicas. Su pronunciación, muy dura y nasal, la hace aparecer más dura y difícil de lo que es efectivamente. En algunas zonas del Sur del Jylland, antiguo dominio germánico del Schleswig, todavía se habla el alemán, mientras más al norte se encuentran enclaves lingüísticas bastante significativas de sueco.
LA PREHISTORIA
Cuando los hielos de la última glaciación empezaron a retirarse (unos 10.000 años a.C), los extensos páramos de la península danesa y de las islas más grandes de su archipiélago empezaron a poblarse de renos, detrás de los que llegaron los primeros habitantes, nórdicos que se dedicaban precisamente a la caza de estos animales. Los primeros, más conspicuos asientamientos se remontan en cambio al Neolítico (3000 a.C.) y coincidieron con un desarrollo primordial de las técnicas agrícolas y de la ganadería. Esta primitiva civilización, que progresó con el descubrimiento de los metales y que bien pronto fue capaz de establecer relaciones con las más desarrolladas culturas del área mediterránea, ha hecho llegar hasta nosotros imponentes testimonios, como las grandes tumbas megalíticas y los articulados restos de pueblos. De la Edad de Hierro (500 a.C.-800 d.C.) quedan algunos interesantes cuerpos, conservados y luego devueltos por las turberas de Tollund y Grauballe, tan perfectos que se puede intuir la fisonomía de estos antiguos habitantes de la península danesa que, por muchos aspectos, presentan características fisicas bastante parecidas a las de la población actual. Sin embargo, para registrar un auténtico cambio en los acontecimientos de estas tierras que avanzan hacia la península escandínava tuvo que esperar el siglo VI d.C y la llegada de los Dánicos una población de origen sueca que trajo consigo sus propias estructuras sociales introduciendo la figura del soberano y la práctica de la centralización del poder y echando de este modo las bases de la unidad territorial y política que impondrían los Vikingos.
LOS VIKINGOS
Poco se sabe de las orígenes (sin duda escandínavas) del pueblo vikingo y del significado de su nombre (derivado quizás de vik, en antiguo noruego, la entrada del fiordo, o quizás de vikja, el término con que se indicaba el deseo de ir lejos). Sin duda alguna en el siglo VIII los Vikingos ya se habían asentado en la Dinamarca actual y habían emprendido numerosas incursiones hacia las vecinas islas británicas. Orgulloso pueblo de valientes navegantes, capaces de llegar hasta las lejanas costas de Groenlandia y de imponerse con las armas en los territorios francés y germánico, pero también de hacer llegar hasta nosotros señales precisos de una compleja civilización (como las severas arquitecturas de ladrillos, las fortalezas, y sobre todo las innombrables piedras rúnicas utilizadas como monumento fúnebre o bien para celebrar acontecimientos particularmente significativos), éstos dieron vida, con el rey Gorm el Viejo y con su hijo Aroldo a la primera dinastía danesa, que tuvo, con Canuto I y con Canuto II, ambos soberanos de Dinamarca, Inglaterra y Noruega, sus principales representantes. También después 1050 y la progresiva crisis del poder vikingo, los destinos de estos tres países quedaron íntimamente ligados durante mucho tiempo, contra los objetivos de los señores feudales alemanes y las tendencias a la expansión de los pueblos germánicos. Grandes reyes, como Valdemar I, Enrique VI, y Valdemar IV (XIII-XIV siglo) fueron obligados a enfrentar, con resultados más o menos felices este preocupante problema. Pero, sólo la hija de Valdemar IV, Margarita I, mujer de Haakon VI de Noruega, logró de nuevo reunir en su cabeza las tres coronas, obteniendo el apoyo unánime de la nobleza escandínava y recuperando una posición de fuerza frente a los enemigos germánicos. La situación permanecía inestable, pero parecía delinearse, para Dinamarca, una solución favorable.
LA DINAMARCA MODERNA
Quienes donaron a este país una identidad nacional renovada y también siglos de esplendor y de potencia fueron los Oldemburg, una dinastía que puede considerarse sin duda las más antigua casa reinante de Europa, hundiendo sus raíces en el siglo XI. Desde la mitad del siglo XV y sin solución de continuidad, los Oldemburg ocupan el trono de Dinamarca. Cristian de Oldemburg, en efecto, hijo de Teodorico el Afortunado y de Edvige de Holstein, entre 1448 (apenas 36 años después de la muerte de la reina Margarita) y 1460 reunió en su persona las coronas de Dinamarca (con el nombre de Cristian I), Noruega y Suecia, a las que se añadieron los títulos de conde de Holstein y de duque de Schleswig, creando así la fortuna futura de su dinastía. Con él en efecto, se concluyó la así llamada Edad Media danesa y con sus descendientes el país progresaría económica, cultural artística y políticamente. Hasta que en 1849, Dinamarca obtuvo su primera Constitución, promulgada por Federico VII. Desde entonces la monarquía representa el auténtico centro alrededor del que se mueve la vida del Pais. Y aunque hoy en día, según la nueva Grundlov (Constitución) promulgada el 5 de junio de 1953, la monarquía, aunque permaneciendo hereditaria, únicamente ejerce el poder ejecutivo, dado que el poder legislativo únicamente corresponde al Parlamento y el judicial a los tribunales, la soberana actual, Margarita II, subida al trono a los 32 años apenas para suceder a su padre Federico IX, tras la abolición, en 1953, de la ley que excluía la sucesión femenina, representa hoy en día el auténtico símbolo de la identidad nacional. La soberana con el príncipe consorte Henrik, noble de orígenes franceses, del que tuvo dos hijos, Frederik, heredero al trono, nacido en 1968, un año después de la boda de sus padres, y Joachim, nacido en 1969, vive habitualmente en Amalienborg. Aquí, para demostrar el amor de los daneses para sus reina, siempre hay un numeroso público, y no sólo de turistas que cada día acude, al mediodía para ver la espectacular Vagtparade es decir el Relevo de la Guardia que, cuando la reina se encuentra en sus apartamentos es escandido solemnemente por las notas de una banda musical.
EL PAISAJE
Nacida de las sucesivas estratificaciones sedimentarias relacionadas con la acción de las aguas marinas que durante enteras eras geológicas sigiueron expandiéndose y retirándose, y por eso desarrollada esencialmente en línea horizontal, desprovista de alturas particularmente pronunciadas y completamente rodeada (y fragmentada) por el mar, Dinamarca presenta un paisaje vario y uniforme al mismo tiempo, con largas extensiones de playas arenosas y de escenográficas dunas interrumpidas por unos fiordos que avanzan y por unas costas rocosas que se lanzan adelante imperiosamente. De este modo también en el interior, a las amplias extensiones cultivadas (que con sus cálidas tonalidades cromáticas caracterizan el área más meridional del país) van sustituyéndose lagos y brezales, turberas y extensiones de arbustos, del pino mugo a los arándanos, de los sauces nanos a la yedra. Y aún más al norte, se encuentran bosques lozanos que, sin embargo, sólo son un pequeño recuerdo de las que fueron, en tiempos antiguos, las inmensas selvas de hayas y encinas que cubrían casi completamente estas tierras estupendas, y que fueron diezmadas por la explotación intensiva y por la necesidad, cada vez más urgente, de conquistar terrenos para la agricultura.
EL CLIMA
Constantemente expuesta a los vientos frescos y húmedos procedentes del oeste, Dinamarca se caracteriza por un clima atlántico, templado marítimo, que sólo en algunas zonas se hace continental. Las precipitaciones son bastante abundantes y casi distribuidas uniformemente. Éstas contribuyen así al desarrollo de la vegetación y a la abundancia de agua dulce, evidente sobre todo por la presencia de lagos, mientras la red hidrográfica aparece, por el contrario, menos definida, también por la morfología del territorio, esencialmente llano. Las temperaturas se conservan dulces, con veranos frescos e inviernos no muy fríos aunque a veces no falten las excepciones: las medias estacionales varían efectivamente entre 17° y 20° en verano (julio resulta, a este respecto, el mes más caliente), mientras en invierno se registran a menudo algunos grados bajo cero. Sólo en caso de frío particularmente intenso los canales que dividen las islas del archipiélago se presentan increíblemente sugestivos, con la formación de hielos marinos.











