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Guía de Portugal

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    En la frontera / visados Los ciudadanos de la Unión Europea qu...
    País y gente
    Historia El núcleo de lo que hoy se conoce como Portugal apar...
    Moverse por la zona
    Aeropuertos / Alquiler de coches La privilegiada situación ge...
    Vida y diversión
    Eventos Las fiestas nacionales son el día de Año Nuevo (1 de ...
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    En la frontera / visados
    Los ciudadanos de la Unión Europea que quieran cruzar la frontera de Portugal no necesitan un visado (un documento que les da derecho a entrar y permanecer en Portugal), ni siquiera un pasaporte o un carné de identidad, ya que según las normas de Schengen, hay una libre circulación de personas en las fronteras de la Unión Europea, aunque siempre es recomendable que lleven alguna identificación para los controles internos del país. Los viajeros de fuera de la Unión Europea, tendrán que presentar un pasaporte válido en la frontera, tras lo cual recibirán una visa de turista de 60 días.

    Vacunación
    No hace falta vacunarse de nada específico para ir a Portugal, a menos que así se lo indiquen. Consulte en su país de origen.

    Clima / ¿Cuándo quiere ir?
    Portugal se encuentra en una zona de clima Atlántico-Mediterráneo. Es un clima marítimo, influenciado por el Océano Altántico, que hace que el norte sea frío y lluvioso, y el sur caluroso y seco. El calor empieza en mayo y dura hasta septiembre. El verano es cálido, largo y soleado, con temperaturas medias superiores a 20 º C. No es infrecuente que en el calor supere de día los 40 ° C. Pero gracias a los vientos del oeste refresca, sobre todo en la costa, y el ambiente no está congestionado. Los inviernos son cortos y leves en las zonas bajas. La temperatura media en este período está entre los 5 ° C y los 14 º C, donde se alternan los días soleados y lluviosos. Por el contrario, en las montañas hace mucho más frío y la nieve se mantiene de noviembre a febrero.
     
    Moneda
    La moneda de Portugal es el euro, que en enero de 2002 sustituyó al escudo. Al igual que Europa, los billetes válidos van desde 5 a 500 euros y las monedas desde 1 céntimo a 2 euros.

    Idioma
    La lengua oficial del país es el portugués, pero mucha gente habla español e inglés y no hay problemas para entenderse.

    Teléfonos móviles
    En Portugal no hay necesidad de adaptadores para la corriente eléctrica.
    El servicio de roaming se establecerá sin problema por todo Portugal, pero puede que no haya cobertura en algún lugar de las montañas. Las tres redes que garantizan este servicio son TMN, Vodafone y Optimus.
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    Historia

    El núcleo de lo que hoy se conoce como Portugal aparece ya en el siglo IX, cuando Alfonso III (rey de Asturias) crea el condado de Portucale, que seguía el curso inferior del río Duero, y cuya capital era Portus Cale (el actual Oporto). En 1143 años el condado evolucionó hasta convertirse en un país separado, Portugal. La capital era Coimbra, y su primer rey fue Alfonso I de Aragón. En este período aún continuaban las luchas contra los moros. En 1249, después de la anexión de Algarve y de la ciudad de Faro, Portugal obtuvo unas fronteras similares a las presentes.
    El desarrollo sustancial de la organización del país lo llevó a cabo el rey Dionisio I, el Labrador. Durante su reinado, Portugal se fortaleció económica, agrícola y comercialmente. Creó muchas ciudades y construyó muchos castillos entre los años 1288 a1290 y estableció la primera universidad en Lisboa.
    La otra "edad dorada" de Portugal fue la de los grandes descubrimientos geográficos, lo que le posibilitó una gran expansión territorial. Primero fue Ceuta ( en 1415), y luego se produjo el descubrimiento y la colonización de: Madeira y las Azores, Cabo Verde, Benin, Congo, la costa del Golfo de Guinea, Brasil, Angola y Mozambique.

    El lento declive de la monarquía se produce en el siglo XIX. En 1822 se aprobó una constitución liberal, en la que el parlamento se hacía cargo del poder. Sin embargo, esto fue recibido con gran resistencia por los sucesores al trono. La proclamación de la Primera República Portuguesa fue el resultado de la Revolución del 5 de octubre de 1910, cuando se hizo un llamamiento a la desobediencia militar al entonces rey, Manuel II. Un año más tarde una nueva constitución que separó a la Iglesia y el Estado fue aprobada, reduciendo en gran medida la influencia del clero.
    La formación de este nuevo sistema estuvo acompañada de un gran caos. Esta situación fue utilizada por el general Antonio Carmona en 1926, quien, después de llevar a cabo un golpe de estado, se proclamó y fue presidente hasta su muerte. Fue seguido en el cargo por Oliveira Salazar, que creó un estado totalitario de corte nazi.
    Sólo una revolución de militares de izquierdas casi incruento impuso la democracia el 25 de abril 1974 y liberó a Portugal de la dictadura. Este evento ha pasado a la historia como la Revolución de los Claveles. Desde 1986, Portugal es miembro de la Unión Europea.

    Mentalidad/ Tradiciones

    La mentalidad portuguesa se caracteriza por la apertura y la bondad natural. En su cultura y su forma de pensar sin duda tienen un gran impacto los fuertes lazos con el mar. Esa es la razón por la que está tan profundamente arraigada en su cultura un tipo de canción cantada por los marineros, el fado. Aunque los días del fado han pasado, y la mentalidad de los portugueses ha cambiado con su ingreso en la Unión Europea, y los descendientes de los viejos pescadores y marineros han ascendido hoy a empresarios y hombres de negocios, el fado sigue siendo una parte muy valiosa de la historia cultural del país.

    Religión

    Aunque la mayoría de los portugueses pertenecen a la Iglesia Católica Apostólica Romana, también, también hay comunidades anglicanas y protestantes, asi como ateos declarados. La religión ocupa un lugar importante en la vida de Portugal,. Se manifiesta en muchas ceremonias religiosas y de culto a los santos. Las fiestas más importantes son la Semana Santa, Navidad, el Corpus Christi y el Día de Todos Santos. Además de las fiestas locales. Cualquier pueblo, incluso el más pequeño, tiene su patrón, en honor del cual hay al menos una vez al año eventos conmemorativos. Un lugar importante para los creyentes portugueses es Fátima, donde en 1917 la Santísima Virgen se apareció a tres niños pastores.
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    Aeropuertos / Alquiler de coches

    La privilegiada situación geográfica de Portugal la convierte en un punto de escala de muchas compañías aéreas. Los aeropuertos están repartidos por todo el territorio nacional, en
    Lisboa (Aeropuerto de Portela), en Oporto (Aeropuerto Dr. Francisco Sá Carneiro), en Faro, en Madeira (Aeropuerto de Funchal) y en Azores (Aeropuerto João Paulo II).
    ANA - Aeroportos de Portugal, SA es la compañía que regula el funcionamiento de los aeropuertos en Portugal. Más información en www.ana.pt

    Las dos principales compañias aéreas de Portugal son: TAP Portugal, que es la compañía "bandera"y que además de hacer vuelos nacionalesl, vuela regularmente a más de 50 destinos internacionales y SATA, que aunque centrada en el ámbito nacional, también realiza vuelos regulares a algunos aeropuertos internacionales.
    En las terminales internacionales de los aeropuertos, en las estaciones de ferrocarril y en las principales localidades existen servicios de alquiler de automóviles.
    Para alquilar un coche es necesario tener más de 21 o 25 años, en función de la empresa; presentar una identificación (los ciudadanos de la U.E, DNI, y las demás nacionalidades, el pasaporte) y tener un carné de conducir válido y con más de un año de antigüedad.

    Transporte público

    Portugal dispone de servicios regulares de autobuses que enlazan todas las ciudades, poblaciones y principales localidades. También dispone de una amplia red de trenes que cubre todo el territorio nacional, lo que asegura también enlaces internacionales, por ejemplo, con Vigo, Madrid y París.

    Para más información consulte Rede Nacional de Expresso en www.rede-expressos.pt y CP - Comboios de Portugal (www.cp.pt).

    Taxis / Infraestructura

    Los taxis son normalmente de color beige-marfil, aunque sigue habiendo algunos negros con la capota verde, los taxis tradicionales de Portugal.

    El precio del viaje aparece indicado en el taxímetro y las tarifas deben estar expuestas en el interior del automóvil, si no, se pueden solicitar al conductor. La llamada de un taxi supone un abono adicional de de 0,80 €, y el transporte de equipaje en el portaequipajes, 1,60 €, con independencia de los bultos y su peso. El transporte de los medios auxiliares de locomoción, como cunas y sillas de ruedas, es gratuito.
    Fuera de las poblaciones, se paga por kilómetro, aunque normalmente se acuerda el precio previamente. Los peajes, si los hay, los paga el cliente.

    Portugal dispone de una buena red de autopistas (AE), itinerarios principales (IP), itinerarios complementarios (IC), carreteras nacionales (EN) y carreteras municipales (EM).
    Todas las autopistas están señalizadas con su propio símbolo y disponen de peajes.

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    Eventos

    Las fiestas nacionales son el día de Año Nuevo (1 de enero), el día de la Libertad (25 de abril), día de los Trabajadores (1 de mayo), día de Portugal (10 de junio), la Asunción de Nuestra Señora (15 de agosto), la Instauración de la República (5 de octubre), el día de Todos los Santos (1 de noviembre), la Restauración de la Independencia (1 de diciembre), la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) y la Navidad (25 de diciembre). También hay varias fiestas nacionales de fecha variable, el Viernes Santo y el Corpus Christi.
    Además de las fiestas religiosas, como las Peregrinaciones a Fátima, durante todo el año se celebran gran cantidad de actividades, como la Fiesta de la Ría, la Fiesta de las Flores o la Queima das Fitas y sobre todo, un gran número de festivales por todo el territorio nacional, entre ellos, el Festival Sudoeste TMN, el AngraJazze, el Festival de las Artes o el de Marea de Agosto.
    Además cada cuatro años se celebra La Fiesta de los "Tabuleiros", un espectáculo que merece la pena vivir.

    Especialidades culinarias

    La gastronomía es muy rica y variada, pero es el mar el que más imprime su carácter, aunque cada zona del país tiene sus platos típicos. Especialmente orgullosos se sienten los portugueses de sus muchas maneras de preparar el bacalao (¡dicen que hay 1001 recetas!). Un, siempre fresco, pescado a la parrilla, o el marisco que abunda en todo el litoral resultan deliciosos. El arroz con marisco o con pescado tampoco es una mala elección.
    En cuanto a la carne, un plato típico del país es el célebre cocido a la portuguesa, una mezcla de carnes y verdura cocidos. En el norte pueden saborear los callos al estilo de Porto, una especie de fabada, que también se pueden hacer a la transmontana, en el interior. De entre los platos populares también destacan el caldo verde (de Lisboa), las francesinhas y las tripas (de la región de Oporto), el Leitão da Bairrada (lechón de origen entre Aveiro y Coimbra), las pataniscas (de la región de Lisboa), y el gaspacho (del Algarve), el jamón y el Folar de Chaves.
    A nivel de repostería los pastéis de belém y los huevos moles (de Aveiro) son lo más famoso.
    El aceite portugués, de gran calidad, está siempre presente y acompaña todas las recetas.
    Portugal es también un país fuertemente vinícola, donde destacan los célebres vinos del Duero, del Alentejo y del Dão, los vinos verdes del Miño, y los vinos generosos de Oporto y de Madeira.

    Estilo de vida

    La población de Portugal es de cerca de 11 millones de habitantes. Los núcleos más importantes son Lisboa, con aproximadamente 1 millón de habitantes, y Oporto, con unos 500.000.
    Más de un tercio de la población es rural y vive en pueblos y aldeas agrupadas generalmente en torno a la iglesia. Pero en los últimos decenios se ha producido un éxodo rural hacia Setúbal, Lisboa u Oporto.
    El rasgo que más los define es su carácter marítimo y vitalista. Pero este carácter también tiene sus claroscuros como demuestra la "saudade", la melancolía contemplativa que parece tener su origen en el fatalismo heredado de la ocupación musulmana. De este sentimiento surge el Fado, la forma de música típicamente tradicional portuguesa de inspiración poética. Se canta por todos los rincones de Portugal, pero existen dos ciudades fadistas por excelencia: Lisboa, más tradicional y Coimbra.
    Como rasgo esencial del folklore luso es necesario hablar de la danza, sobre todo para festejar en procesiones y romerías, que sirven como pretexto para sacar del baúl de los recuerdos el traje típico y las joyas o ponerse las cintas y tocados.

    Vale la pena visitar

    El Algarve, en el sur, es por su clima y la temperatura de sus aguas el principal atractivo turístico.
    Lisboa y Oporto también atraen a muchos turistas. Se las considera especialmente atractivas por su vida nocturna, su estrecha relación con los ríos Tajo y Duero, respectivamente; y por sus monumentos. Oporto tiene un lugar relevante en el panorama cultural del país. Fue Capital Europea de la Cultura en 2001. La Fundación de Serralves y la Casa de la Música son de visita obligatoria.
    Madeira es también un importante centro turístico, tanto por su clima, como por su gastronomía.
    Otros puntos de interés son las ciudades de Chaves, Tomar, Sintra, Aveiro, Coímbra, Elvas, Évora, Braga y Guimarães; y el valle del río Duero.

    Portugal

    Gracias a su posición hacia el Atlántico, Portugal ha aprendido escuchar el mar como si fuese un viejo amigo, un amigo al que confiarse, un amigo que nos responde por señales, ciertamente bien correspuestas, un amigo que usa un lenguaje comprensible sólo por nosostros. Esta relación dura desde hace años, incluso porque la vida... Seguir leyendo
    Portugal

    Gracias a su posición hacia el Atlántico, Portugal ha aprendido escuchar el mar como si fuese un viejo amigo, un amigo al que confiarse, un amigo que nos responde por señales, ciertamente bien correspuestas, un amigo que usa un lenguaje comprensible sólo por nosostros. Esta relación dura desde hace años, incluso porque la vida de Portugal se ha desarrollado siempre alrededor del mar. Los portugueses son un pueblo de pescadores que vive en estrecho contacto con las olas, las tempestades y las corrientes oceánicas. También el clima resiente la influencia del mar: su dolzura se debe a los vientos que del mismo provienen y al calor abundante en el privilegiado sur. La atmósfera es constantemente agradable y es típica del Mediterráneo. A sus apacibles inviernos sigue el sucederse de sol y lluvia, preludio de días más cálidos, típicos de la mitad del año. El aislamiento de Portugal del resto de Europa ha sido siempre un factor constante: las mesetas de Castilla y los Pirineos constituían, en el pasado, verdaderas barreras insuperables, al no existir ni caminos ni medios de transporte. Por su posición geográfica, en el suroeste de Europa, justo asomado hacia el océano, Portugal es un país de paisajes variados, con montañas y valles en el norte y en el centro, y llanuras en las latitudes más meridionales. Toda la costa presenta playas continuas, pequeñas insertadas en anfiteatros rocosos, o inmensas extensiones de fina arena blanca que parece aun más cándida por la transparencia de las aguas oceánicas. Y, difícilmente, la memoria consigue conservar tal riqueza de eventos tan importantes. El nombre de Portugal parece derivar del nombre de una ciudad situada en el estuario del río Duero, una aldea de calles y casas habitadas de pescadores y comerciantes. Los Romanos la llamaron Portus Calle; más tarde se convirtió en uno de los centros urbanos más activos de toda la penísula. Esta ciudad hoy se llama Oporto y es la segunda del país; está bañada por las cansadas aguas del río que se articula entre las pendientes de las colinas llenas de vides y de casas encaramadas en los declives, bajo la bóveda del cielo.
    El norte fue la cuna del país: el Príncipe de Borgoña, a quien fue confiado el Condado de Portucale, no dudó en extender los confines del propio reino, seducido por el título de rey. Portugal, gracias al coraje y al talento de su primer soberano, Dom Alfonso Henriques, alcanzó su independencia en 1143, aunque si los acontecimientos futuros demuestran la caducidad de este triunfo. Pero, entretanto, había conseguido ser independiente de Castilla. La situación cambió en 1580 cuando los vínculos de sangre real permitieron a un monarca español subir al trono portugués. Se trataba de Dom Felipe, el primero de tres homónimos que impusieron sus leyes a los portugueses, hasta la mitad del siglo XVII. Pero, a pesar de haber reconquistado la independencia en 1640, el periodo precedente fue caracterizado por un breve interreino en el orgullo nacional, suficientemente importante, sin embargo, como para ser incluido en las páginas de la historia y para irritar, más todavía, la naturaleza escéptica del pueblo portugués. Se pueden admirar lugares que se remontan a eras lejanas, cuando los días pasaban lentamente y cada estación tenía un ciclo propio. La tranquilidad habitual es interrumpida, de vez en cuando, por días de fiesta con larguísimas procesiones que siguen devotamente la estatua del santo patrón colocada sobre un pedestal cubierto de flores, por fiestas religiosas donde la variedad de los colores de la procesión compite con los de los trajes regionales y de la cerámica local. Es en estos momentos que la gente se reune para vivir cada instante, como si fuese el último, sabiendo que deberá pasar otro año lleno de acontecimientos antes de que los festejos se repitan. El rojo antiguo de los tejados se inclina ante los soberbios campanarios de las iglesias; las plazas centrales acogen, después de que el sol, en su esplendor, se ha puesto bajo el horizonte, grupos de personas que charlan. En todos sitios castillos, piedras grises metódicamente trabajadas en forma de torres, de sólidos baluartes, de fortificaciones alrededor de aldeas, auténticos museos vivientes. Estas construcciones son piedras miliarias en el camino seguido por los reyes cristianos en sus batallas contra los Moros, puntos estratégicos resonantes de narraciones de princesas y hadas, lugares que el mundo moderno no ha privado de sus memorias bélicas, nombres y localidades que mantienen en vida un árbol genealógico común con raices que se hunden hasta el norte de Africa.
    Sin embargo, no es la única manifestación de coraje del tiempo pasado. Hechos de desafío, no causados por los sufrimientos de guerra, sino por el dolor de la separación y de la distancia: como en los tiempos de los descubrimientos en mares lejanos, empezando por las islas atlánticas de Madeira, de las Azores, de Cabo Verde, y además, de otros continentes. Contactos que se mantuvieron a través de los siglos, como si los océanos hayan sido la causa de relaciones marítimas precoces incluso con regiones más distantes. Las naves que se zarpaban de Lisboa a finales del siglo XV sabían con seguridad que el mar guardaba secretos por descubrir que las olas provocadas por las malas condiciones atmosféricas hacían emerger de los abismos, seres malignos que parecían decir que el final del mundo se encontraba en algún sitio más allá del horizonte. Pero el tiempo pasado entre mar y cielo reservó a los marineros sorpresas mucho menos terribles. Y antes del final del siglo Vasco de Gama circumnavegó Cabo de Buena Esperanza, permitiendo así a los portugueses alcanzar las costas orientales de Africa y de aquí, las Indias. En 1500 fueron exploradas diversas rutas, llegando al descubrimiento de Brasil, o sea de otro continente, y, por lo tanto, a una nueva concepción del globo terrestre. Episodios que se reviven en el arte manuelino, en cada monumento erigido en aquella época y glorificado en las inspiradas formas épicas de los «Lusíadas» de Camoes, un largo poema que expresa de una manera admirable el saudosismo, es decir el deseo nostálgico innato del índole portugués, la fe, la fuerza motriz más allá de toda acción, el pasado que supera lo que el futuro podría reservar. Muchas cosas han ocurrido desde entonces, se han alternado momentos de fiesta y de carestías, de alegrías y de dolores, de expansión económica y de desesperación, como los días vividos en Lisboa durante el terremoto de 1755, que ofreció a Pombal la oportunidad de construir una nueva ciudad salvando el país del derrumbe económico. Pero la nación tenía que someterse a nuevos sufrimientos, a principios del siglo siguiente. Portugal fue invadido por los ejércitos napoleónicos, causando años de profunda desesperación. La revolución de 1910 abrió el camino hacia la República, mientras la familia real y la aristocracia marchaban al exilio en Gran Bretaña. Siguieron años de gobiernos instables que acabaron con el golpe de estado en 1926, con la intención de salvar la economía y las instituciones políticas, pero que hubo la sola consecuencia de aislar Portugal del resto de Europa y del mundo. Gracias a los eventos iniciados en el mes de Abril de 1974, fue restaurada la democracia pluralista, después de décadas de aislamiento obligatorio y de fiereza absurda a la cual el pueblo portugués fue contreñido a someterse.
    Eventos que ensayaron, uno a uno, la fuerza de la nación. Afortunadamente este régimen politico y social parece no haber influido sobre el caracter del portugués, sobre su naturaleza de melancolía y pasión, de ojos dirigidos hacia abajo y de corazón abierto, de lágrimas de contento y de dolor derramadas por la triste queja del destino. Como si estos aspectos, los más genuínos del caracter portugués, después de todo, se escondan en los más profundo del alma, inalcanzables por la realidad externa.

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