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Por la peculiaridad de su posición geográfica, que hace de ella una especie de baricentro entre Occidente y Oriente, Turquía puede ser considerada a todo efecto como un broche entre la Europa continental y peninsular y la exterminada vastidad del continente afroasiático. Por este motivo podemos afirmar que esta tierra antigüísi... Seguir leyendo
Por la peculiaridad de su posición geográfica, que hace de ella una especie de baricentro entre Occidente y Oriente, Turquía puede ser considerada a todo efecto como un broche entre la Europa continental y peninsular y la exterminada vastidad del continente afroasiático. Por este motivo podemos afirmar que esta tierra antigüísi... Seguir leyendo
Turquía
Por la peculiaridad de su posición geográfica, que hace de ella una especie de baricentro entre Occidente y Oriente, Turquía puede ser considerada a todo efecto como un broche entre la Europa continental y peninsular y la exterminada vastidad del continente afroasiático. Por este motivo podemos afirmar que esta tierra antigüísima fue, ya desde el principio de la civilización, el fiel en el complejo y delicado mecanismo de los equilibrios, a menudo muy precarios, que se establecían en las orillas del Mediterráneo. Las definiciones turísticas de este País tienen a veces el significado de "tierra de contrastes" y de "Puerta de oriente" y a pesar de que sean en parte exactas, parecen muy limitativas si lo relacionamos con el inmenso contenedor de arte, historia y cultura que es y queda la moderna Turquía. Extendida hacia el Mediterráneo, en dirección del continente europeo del cual está separada por el Bósforo y los Dardanelos, la Turquía actual ofrece a los turistas las sugestiones de las marinas encantadas, la atracción y la seducción de Estambul, la antigua Costantinopla, los tesoros artísticos y naturales de Capadocia, el encanto de Pamukkale, el misterio de Nemrut Dağ, y los desconfinados silencios del Ararat.
Bajo el perfil artístico y arquitectónico la que en un tiempo fue llamada Asia Menor ofrece una inexaurible variedad de propuestas que espacian desde las antigüedades de las civilizaciones hitita y urartea, hasta los vestigios arqueológicos de la época helenística, a los restos del pasado romano, remontando hasta las ruinas de la edad cristiano-bizantina y a las manifestaciones del arte selyucida y otomano. A lo largo de las costas egeas y mediterráneas y en el territorio interior tanta es la difusión capilar de los lugares arqueológicos que lo único que queda es el problema de eligir. Las enigmáticas ruinas de la homérica Troya, el esplendor helenístico de Pérgamo, los meravillosos vestigios de Efeso y el espectacular llamamiento de Afrodisia son sólo las notas más evidentes y llamativas de un contesto arqueológico que levanta estupor y admiración. Un patrimonio de arte y cultura tal como este deriva de la estratificación de acaecimientos históricos que hunden sus orígenes en tiempos desconocidos. Habitada desde eras lejanas, Anatolia conoció el sucederse de potencias y civilizaciones como la de los Hititas (siglos XVIII-XIII a.C.), los Frigios, los Lidios. Mientras los colonos griegos establecían sus primeras sedes en las costas egeas, los Persas alcanzaban el control de la entera región (siglos VI-V a.C.). En la segunda mitad del IV siglo a.C. la empresa de Alejandro Magno preanunciaba la llegada de los reinos helenísticos, más tarde ensamblados al imperio romano (I siglo d.C.). A partir del 324 d.C., con la elevación de Costantinopla a la condición de capital imperial, la Estambul de hoy conoció una de las épocas de su mayor esplendor. A los Bizantinos sucedieron los Selyucidas a los cuales siguieron los Otomanos (siglo XV) que obtuvieron el poder hasta la decadencia de su vastísimo imperio (siglos XVII-XIX). La proclamación de la República (el 29 de Octubre de 1923) marcaba de hecho el nacimiento de la moderna Turquía, querido por Atatürk después de un largo periodo de conflictos en escala europea, que habían llevado a la ocupación del País por parte de potencias extranjeras.
Por la peculiaridad de su posición geográfica, que hace de ella una especie de baricentro entre Occidente y Oriente, Turquía puede ser considerada a todo efecto como un broche entre la Europa continental y peninsular y la exterminada vastidad del continente afroasiático. Por este motivo podemos afirmar que esta tierra antigüísima fue, ya desde el principio de la civilización, el fiel en el complejo y delicado mecanismo de los equilibrios, a menudo muy precarios, que se establecían en las orillas del Mediterráneo. Las definiciones turísticas de este País tienen a veces el significado de "tierra de contrastes" y de "Puerta de oriente" y a pesar de que sean en parte exactas, parecen muy limitativas si lo relacionamos con el inmenso contenedor de arte, historia y cultura que es y queda la moderna Turquía. Extendida hacia el Mediterráneo, en dirección del continente europeo del cual está separada por el Bósforo y los Dardanelos, la Turquía actual ofrece a los turistas las sugestiones de las marinas encantadas, la atracción y la seducción de Estambul, la antigua Costantinopla, los tesoros artísticos y naturales de Capadocia, el encanto de Pamukkale, el misterio de Nemrut Dağ, y los desconfinados silencios del Ararat.
Bajo el perfil artístico y arquitectónico la que en un tiempo fue llamada Asia Menor ofrece una inexaurible variedad de propuestas que espacian desde las antigüedades de las civilizaciones hitita y urartea, hasta los vestigios arqueológicos de la época helenística, a los restos del pasado romano, remontando hasta las ruinas de la edad cristiano-bizantina y a las manifestaciones del arte selyucida y otomano. A lo largo de las costas egeas y mediterráneas y en el territorio interior tanta es la difusión capilar de los lugares arqueológicos que lo único que queda es el problema de eligir. Las enigmáticas ruinas de la homérica Troya, el esplendor helenístico de Pérgamo, los meravillosos vestigios de Efeso y el espectacular llamamiento de Afrodisia son sólo las notas más evidentes y llamativas de un contesto arqueológico que levanta estupor y admiración. Un patrimonio de arte y cultura tal como este deriva de la estratificación de acaecimientos históricos que hunden sus orígenes en tiempos desconocidos. Habitada desde eras lejanas, Anatolia conoció el sucederse de potencias y civilizaciones como la de los Hititas (siglos XVIII-XIII a.C.), los Frigios, los Lidios. Mientras los colonos griegos establecían sus primeras sedes en las costas egeas, los Persas alcanzaban el control de la entera región (siglos VI-V a.C.). En la segunda mitad del IV siglo a.C. la empresa de Alejandro Magno preanunciaba la llegada de los reinos helenísticos, más tarde ensamblados al imperio romano (I siglo d.C.). A partir del 324 d.C., con la elevación de Costantinopla a la condición de capital imperial, la Estambul de hoy conoció una de las épocas de su mayor esplendor. A los Bizantinos sucedieron los Selyucidas a los cuales siguieron los Otomanos (siglo XV) que obtuvieron el poder hasta la decadencia de su vastísimo imperio (siglos XVII-XIX). La proclamación de la República (el 29 de Octubre de 1923) marcaba de hecho el nacimiento de la moderna Turquía, querido por Atatürk después de un largo periodo de conflictos en escala europea, que habían llevado a la ocupación del País por parte de potencias extranjeras.















